TRAYECTORIA DE LA CNT, por J. Peiro

(Fragmentos)


CAPíTIlLo IV

REVISION DE LAS TACTlCAS DE LUCHA

Ya en otro orden de cosas, digamos que las tácticas de lucha de las organlzaclones obreras de Fspaña, sin distinción de sector, son las mismas de hace sesenta años. A este respecto parece ser que la burguesía no haya evolucionado y que el mun do esté en las primicias del industrialismo ajeno al pro~reso de la maquinaria, cuando realmente cs todo lo contrario

Sin que haya evolucionado en el orden de las grandes especulaciones industriales v mercantiks, acaso ni espiritualmente la burguesía española nó es ya la burguesía de mediados dei siglo pasado, una clase estulta entregada al individualismo y al recuento de sus cuatro ochavos. En nuestros días, aquel aislamiento v aquellos cuatro ochavos, antes a merced muchas veces de un gesto relativamente tenaz de los obreros, hanse trocado en grandes concentraciones de capitales, y~rla burguesía, olvidando sus competencias y zancadillas~ forma fuertes agrupaciones de resistencia presididas por no menos fuerte espíritu de solidaridad de clase~Por otra parte, v en cuanto a las táctlcas de lucha se refiere, ]a burguesía há aprendido a quebrar todas las armas de los trabajadores y, abusando de los resortes que los gobiernos le brindan, se adelantan a las tácticas obreras, pues recientes son aún ciertos movimientos en que ella diera buena prueba de su fuerza inventiva en la organización de la lucha, fuerza innovadora extraordinariamente superior a las inveteradas tácticas combativas de los obreros, que corrientemente se reducen a la huelga con variaciones que pasan de lo simple y localizado a lo trascendental, pero siempre lo mismo, hoy igual que ayer; lo que, a fuerza de repetirse, no tiene va valor eficiente alguno, o lo tiene tan insignificante que la huelga, sea cual fuere su carácter y extensión, es de una eficacia dudosa al recibir el contraste de la resistencia o de la of~nsiva organizada de la burguesía. Casi estamos por decir que por ello ha surgido el sistema de trocar lo localizado en trascendental sin otro objeto--aparte los casos en que la dignidad obrera jugara un papel--que hacer buena la sentencia: <<Mal de muchos...>>

Ni el <<consuelo de bobos>> ni el <<a salga lo que saliere~> deben ser jamás las conclusiones dadas a una huelga, ni el hambre hará ae las masas obreras legiones revolucionarias, si el hambre no es un complemento a la revolución preparada material o, por lo menos, espiritualmente. No vamos a manosear el tópico ese de que <<la huelga es un arma de dos filos>>. Queremos, sí, decit que, si bien la huelga puede ser un arma muy útil aún, no debe prodigarse, y menos aún ser esgrimida como único medio de combate.

La huelga practicada oportunamente, en las escasas oportunid~des que en nuestros días se presentan con algunas perspectivas de triunfo, es arma muy útil, no sólo por lo que puede coslseguir, en cuanto a reivindicaciones económicas y morales, sino también para levantar el espíritu de los trabajadores por la victoria de éstos sobre la burguesía. Pero la huelga practicada con tenaz resistencia en contraste con la resistencia del enemigo, con mayores medios económicos y con la solidaridad mejor organizada, lejos de levantar los espíritus, éstos decaen enervados por las tragedias que ei hambre y la miseria producen en los hogares proletarios, y decaen tanto más cuanto la huelga de resistencia, que denota duración y, por tanto, inoportunidad y falta de eficiencia, termina casi siempre por malograr las pretendidas conquistas, cuando no son con la pérdida de otras posiciones y con la consiguiente mengua del sentimiento de la asociación, lo que deja mal parados los cuadros sindicales.

Los intereses revolucion.lrios de la CNT repelen esas huelgas fundadas exclusivamente en la resistencia, tanto más si ellas están informadas de una pretensión simplemente materialista, ~I son repelidas mayormente esas otras huelgas que, sin perseguir objetivos m~.s elevados que aquéllas, tienen como punto de partida, y muy premeditado, el recurso supremo de arrastrar tras de sí toda la organización, súbita o escalonadamente, a la huelga general, de la cual, por otra parte, se ha hecho un abuso, no por solidaridad a un grupo de trabajadores en desesperada lucha de dignidad, más bien para satisfacción de egoísmos materiales y para poner epílogo a pleitos irremisiblemente perdidos. Y esto, para huir de las vulgaridadcs v de los hechos repulsivos, no ha debido ser, no podrá ser en lo sucesivo, en algunos años, por lo menos.

Hasta ahora, el punto de mira ha sido el individuo, y ello hizo olvidar que la lucha, si no es la lucha final, no ha de desenvolverse entre los individuos y contra los individuos, sino entre los intereses y contra los intereses, y también se ha olvidado que la lucha no debe ser un cpisodio surgido con intermitencias y teniendo el egoísmo profesional o de clase, exclusivamente, como bases causales de la misma. La lucha puede y debe ser incesante, inexorable, por medio del boicot, del label y de la chapucería (medios de combate tan impracticados como desconocidos) en sus diversas y variadas formas, cuya aplicación deben aconsejarla el medio y las circunstancias, y aun debe y puede apelarse a la dignidad profesional utilizada contra los intereses de la burguesía y en beneficio del público y de la elevación del sindicalismo revolucionario y de las luchas obreras. Veamos lo que, extractando el folleto de Max Nettlau La responsabilidad y la solidaridad en la lucha obrera, nos ha dicho el llorado Anselmo Lorenzo en su libro Hacia la emancipacíón:

<<Hasta ahora sólo se han promovido huelgas por cierta teadencia egoísta, a las que la opinión ha concedido la simpatía de la compasión a veces atenuada por la consideración de las pérdidas patronales. Hasta las huelgas llamadas de aignidad por ofensa de un patrón a un obrero, y las de exclusiva solidaridad para apoyar a los compañeros en lucha, tienen carácter egoísta de clase. Huelgas por altruismo y por sentimiento de justicia, no se usan; son aún desconocidas, y conviene plantearlas con urgencia para dar a la asociación obrer~ una idea más elevada de su importancia y de su trascendencia, y emanciparla de la

pequeñez rutinaria en que procura retenerla el socialismo parlamentario.>>

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

<<Bella, noble y altamente simpática se presentaría la huelga de una sindicato de panaderos, fideeros, licoristas o confiteros, por ejemplo, por negarse a manipular y mezclar substancias reconocidamente nocivas para la salud, con el objeto de adulterar en peso, color o sabor, los productos para el alimento del público; la de varios sindicatos de la Unión de constructores, que se negaran a edificar tugurios y a hacer chapuzas en habitaciones viejas, inhabitables; la de un sindicato tipográfico, que se negara a imprimir un periódico clerical o furibundo burgués, Ia de un sindicato de zapateros, que se negara a hacer calzado con suela de cartón y materiales de desecho para el negocio de un contratista proveedor; la de cardadores, hiladores v tejedores mecánicos, que se negaran a hilar y tejer fibra resultante de ropas usadas e infectas; la de depcndientes de co.nercio, que no se prestaran a engañar al público acerca de la calidad, el peso y la medida de los productos a la venta.

>>Negarse a hacer un trabajo, falso, malo, antisocial; fortificarse en un baluarte de justicia, haciendo conocer al público cómo se le engaña, se le roba, se le envenena y se fundan las grandes fortunas, y sostener estas huelgas con el apoyo de la solidaridad v el recurso del boicot v el label, honraría a los trabajadores que las emprendieran y las sostuvieran, asegurarían su triunfo y atraerían a la opinión pública, no sólo para el triunfo del momento, sino para el reconocimiento y la aceptación del ideal emancipador.>>

Efectivamente, huel~as así no se usan aún. Pero no son las huelgas indispensables para plantear ante la opinión esas cuestiones de moralidad y de salud públicas. Basta que el sindicato sea relativamente fuerte y exista en él, bien entendido y practicado, el apoyo solidario, para que los trabajadores puedan ejercer la dignidad profesional como medio combativo contra las inmoralidades de la burguesía, cuya enervación económica, por una parte, o hiriéndola moralmente ante la opinión, por otra, producirá forzosamente efectos de indudables resultados para la causa final del Droletariado.

Todo el sistema social presente asienta sus bases en la violencia. Pero sostener que únicamente en la fuerza está su

razón de ser, es una vulgaridad. El sistema capitalista tiene un fuerte arraigo moral en la conciencia pública, v las raíces de esa fuerza moral están representadas por la multiplicidad de intereses encontrados, por las diferencias de la educación v del medio sociales, lo cual es causa v a la vez efecto de la expresión individualista que caracteriza a los sectores en que se divide la sociedad, a las clases conformadas a la importancia y naturaleza dt los propios intereses; y de la lucha entre esos intereses, tan diversos y encontrados, de la insolidaridad entre los valores correlativos de la sociedad, emana la necesidad de un instrumento regulador, que sirve para consagrar la injustiCia de que son víctimas los mismos que sienten la necesidad de él. No están los trabajadores exentos de ese sentido individualista de clase de ese exclusivismo egoísta que consagra la injusticia social, que divide en odios a las víctimas de la

misma.

Los trabajadores se creen asistidos de la razón--muy lejos está de nosotros el negar esa razón--cuando consiguen aumentos de salario y menos horas de jornada, mejoras que repercuten gravando la economía ciudadana en general; pero los Irnismos trabajadores que se creen con razón cuando luchan por sus reivindicaciones no sienten la civilidad que les haría negarse a hacer trab~ios falsos, malos y antisociales, cuya negativa significaría una compensación a la colectividad ciudadana. No le escapa a és~a la carencia de sentido civil de los trabajadores y la complic dad de éstos en las inmoralidades de la burguesía, v de ahí ~I compasivo gesto de la opinión para con las luchas sociales, cuando no el desdén o la aversión ostensibles por ellas. Casi jamás se obtuvo de ella la simpatía franca, expresiva, el apovo decidido, en fin. De ese individualismo de clase, de la insolaridad entre las clases menos distantes, o nada distantes, toma fuerza moral el sistema capitalista.

Nosotros entendemos que esa acción de dignificación profesional y de responsabilidad obrera, debe practicarse en todo momento, incesantemente, inflexiblemente, rodeándola de la máxima publicidad; y si ella fuera causa de locauts o de incidentes que hagan inevitables las huelgas, por lo menos estarían informadas de miras elevadas, se daría la sensación de que con ellas, además del interés de clase, se perseguía el bien general y público, y, por lo mismo, tendrían el apoyo que siemp~e pres- ta la simpatía de la opinión. Y no sólo se conseguiría esta simpatía, a la que hay que conceder un valor relativo. Con la acción que preconizamos, se lograría hacer comprender a las clases medias, que el sindicalismo revolucionario y el anarquismo, ~muy lejos de perseguir finalidades exclusivistas de clase, con

~exclusión de las demás clases no confundidas con el proletariado, van en pos de nuevcs estados de convivencia presididos por la más amplia y pura justicia social y por los postulados

' de redención humana, mediante la absoluta igualdad económica y política aplicada a todos los individuos.

Comprendamos antes nosotros que los postulados de nuestro ideario de igualdad están desmentidos por la práctica de funciones exclusivistas, de insolidaridad social, con las cuales damos a las clases que sufren las injusticias del sistema capitalista, la sensación de que sindicalistas y anarquistas vamos a un fin propio de clase, por encima y contra otro interés de los demás sectores sociales, y comprendamos, además, que la insolidaridad de ahora no es anuncio de las garantías que ha de ofrecer la justicia social que reinará en la sociedad futura

Inoportuno sería ahora pretender repetir lo que es el boicot. Por ahí van rodando numerosos manuales que lo explican mejor que nosotros podríamos hacerlo. Pero importa mucho decir que su práctica eficaz requiere de los trabajadores el previo conocimiento de determinadas características de las respectivas industrias, sin cuyo conocimiento es imposible o harto difícil organizarlo con las garantías que deben desearse. Por ejemplo, precisa conocer la procedencia de las materias primas necesarias a una industria o industrias que le son auxiliares o complementarias, las formas y destino de colocación de los productos, y multitud de detalles por el estilo que, una vez conocidos y bien combinados, pueden determinar la paralización de una industria. Y quien dice industria, quiere decir co- mercio.

Lo que nosotros nos proponemos es, ni más ni menos, dar a entender que tanto para el conocimiento de las ideas como para la eficaz interpretación de las necesidades y de los medios concurrentes en la lucha de clases, es indispensable--el boicot lo exige--un serio amor al estudio de las realidades tan~ibles en la órbita de las relaciones político- económicas, estudio mayor, mucho mayor que el que se dedica a la literatura sentimental rebosante de lirismos, de romanticismos trágicos que desplazan a los trabajadores del trato social como valor colectivo y les imposibilita de asimilarse los problemas trascendentales y aleccionadores que la cotidiana vida del trabajo pl~ntea.

Los espíritus inquietos contribuyentes a las directivas de las organizaciones obreras, más que propensión a las audacias, están obligados a poseer estos conocimientos acerca del mecanismo económico de la sociedad, necesarios para la aplicación del boicot y el label, el cual preasa, además, de una plena conciencia del derecho del trabajo y de la necesaria y lógica elevación colectiva y moral de los trabajadores; y tanto más lo están al estudio de los diversos aspectos del sabotaje, arma preciosa y eficacísima, de sorprendcntes resultados aolicada científica y habilidosamente, a cuya táctica, por fatalidades históricas ineludibles, le está reservado un paPel importantísimo en las luchas de un porvenir inmediato; fatalidades históricas que exigen ya ahora la comprensión de que la práctica del sabotaje no implica necesariamente en todas las ocasiones el empleo de procedimientos catastróficos, sino arte, mucho arte y habilidad resultantes del estudio de los problemas de la lucha de clases.

Queremos decir, en fin, que la burguesía ha evolucionado mucho en la organización de la defensa de sus intereses de clase que ella cuenta con medios suficientes para hacer fracasar la generalidad de los movimientos huelguísticos, tal como los vienen planteando los trabajadores, que es por las formas de hace medio siglo, y que a éstos se les plantea la alternativa de renovarse en el orden de los procedimientos de lucha, decidiéndose por los ataques a fondo, o perecer como valor de oposición al sistema capitalista y como elemento determinante en la gran pugna emancipadora.

Esto es: los trabajadores deben situarse cada día más en un plano de lucha superior al de la burguesía, sorprenderla con nuevas modalidades tácticas, o con los procedimientos que, aconsejados por el sindicalismo revolucionario y por el sentido común, dejáronse de practicar, tal vez porque su práctica requiere estudio, capacidad, acaso una mayor responsabilidad político- social.


CAPíTULO VI

SENTIDO DE CONSTRUCCION

Antes de 1917, a nadie escandalizaban las alusiones a la llamada dictadura del proletariado, consi~nadas en la obra escrita de Carlos Marx. Para que nos escandali~áramos~ no sólo los anarquistas, sino también los mismos marxistas, ha sido necesario que esa dictadura tuviera reali~ación --no aquilatemos en qué grado y forma, como corolario del hecho ruso. En nosotros, los anarquistas, es un sentido de libertad lo que produce la explosión adversa a la dictadura del proletariado, sentimiento muy justo y no menos conformado a nuestro ideario, que excluye de sí todo principio de dictadura porque ella, sea individual o coleciva, es antítesis de la liberta- 3 ~ la neoación de nuestras fórmulas igualitarias. Sí, sí; [[exclamdown]]abajó las dictaduras ! Pero . . .

El tema sobre dictadura v libertad no ha dejado de preocuparnos seriamente multitud de veces, nos ha movido a hondas reflexiones, a fijarnos en el frío realismo que gira en torno nuestro. Es entonces cuando hemos constatado que los partidarios de la libertad vamos inevitablemente a la dictadura, no con el propósito de ella, sino por defecto de concepción de las realidades ofrecidas por el gran problema de la vida de los pueblos, cuyas realidades se nos aparecen tomando formas de las que sólo acertamos a describir algo así como si fuera un rostro monstruoso en perenne sonrisa burlona, sarcástica y cruel a veces, en presencia de esa concepción tan simplista, rural, primitiva, de la sociedad futura, en cuya concepción nos atascá- ramos los anarquistas ganados por un sentido de violencia como medio y como fin. Todo nuestro ideario, sin que jamas haya sido por nosotros sustraído de las regiones de la dialéctica y de las teóricas exteriorizaciones adversas a las dictaduras, prácticamente ha sido objeto de contracción a lo rudimentario, a la fuerza, a la fuerza como todo, y las aspiraciones político- sociales basadas en ella van a la conquista de la dictadura... Por lo dicho en las primeras páginas de este opúsculo se comprenderá lo quc ahora callamos.

Por lo que tiene de aleccionador, es preciso recoger aquí aquel gesto de grandeza incomparable realizado por los metalúrgicos italianos en agosto- septiembre de 1920.

La negativa de la burguesía metalúrgica a conceder un aumento de salarios empuja a los obreros a la toma de posesión de los establecimientos metalarios. Ni uno solo queda en poder de la burguesía. La socialización de las máquinas y de la producción es ya un hecho consumado.

Los obreros trabajan esforzadamente. Por turno montan la guardia p~,ra oponerse a que la burguesía y las fuerzas del Estado reconquisten lo expropiado por los únicos y verdaderos productores. Disponen éstos de fusiles y ametralladoras. En ]o alto de las fábricas y talleres ondean la bandera roja de los socialistas y la negra de los anarquistas.

El entusiasmo es indescriptible. El espíritu de solidaridad proletaria llega al desbordamiento, al máximo de su manifestación. Las industrias productoras de materias necesarias a la metalúrgica han sido expropiadas por los obreros. Los ferroviarios aprovisionan a los metalúrgicos con los materiales consignados a los burgueses expropiados. Los tranviarios de todo el país, por acuerdo de su Federación, entregan durante varios días el importe íntegro de la cobranza al comité de agitación, en lugar de entregárselo a las compañías. Se espera que de un día a otro las demás industrias pasen a poder de los trabajadores...

Pero al abandonar los establecimientos la burguesía, con ella lo hicieron los técnicos. Para los obreros ello representa una dificultad extraordinariamente insuperable. Trabajan redoblando los esfuerzos hasta el máximo, mas la producción dista mucho de ser la ordinaria. El porcentaje en menos es ex traordinario.

Por ello se enervan los entusiasmos. Los obreros vacilan, dudan del triunfo de su empresa. Y es así cómo el gobierno de Giolitti se decide a intervenir, y es así cómo D'Aragona y su estado mayor, d~sviando el magno y asombroso movimiento hacia el objetivo del reconocimiento de un mezquino principio de control por parte del patronato, dan el triunfo a la burguesía y al poder del Estado.

Si las circunstancias hubiesen dado lugar a que los obreros del resto de las industrias y los campesinos imitaran a los metalúrgicos, la decepción sufrida por todos hubiese sido mucho mayor. Se habría demostrado una vez más que el magno problema de todas las revoluciones, la consolidación de su triunfo como hecho de fuerza, está en la rapidez en organizar la producción de forma que no dejen de estar satisfechas las necesidades del consumo. Y esto sólo se consigue con una preparaaón práctica en sentido constructivo de la organización económico- social futura, o con una dictadura.

El laissez faire de Giolitti, que tanto estupor produjo a la burguesía internacional, era ni más ni menos que una táctica en que fiaba seguro aquel primer ministro para triunfar sobre los obreros. Giolitti sabía que éstos, aun cuando con un sentido teórico de futuros sistemas económico- sociales, jamás habían pensado en que el mundo de la producción no es un conjunto de partes uniforme moral y espiritualmente y que la realización de aquellos sistemas, por lo que tienen de transformación fundamental, en principio, necesita previos ensayos, una cierta práctica como valor dispositivo de los elementos que han de actuar valorizando un momento revolucionario; y como el defecto tiene sus quiebras, Giolitti pudo esperar tranquilo y ver cómo se producía el desaliento en los medios obreros al darse cuenta éstos de las propias imprevisiones e incapacidad. El gesto de los metalúrgicos sólo podía subsistir y consolidarse secundándolo el resto de los trabajadores de las demás industrias y del campo, pero el defecto observado fue motivo suficiente para que éstos no hicieran la prueba. Claro que el proletariado italiano pudo arriesgarse a salir del paso por medio de la dictadura; más Giolitti descontaba que los obreros no prescindirían por mucho tiempo de D'Aragona y de los jefes socialistas, y sabía, además, que a éstos les faltaba la convicción y más aún el valor para pronunciarse por la dictadura.

Las realidades que los problemas económico- sociales plantean a los pueblos son mucho más complejos que las seudorrealidades vistas por los sectores ultrarrevolucionarias que privaran en estos últimos tiempos. La vida de los pueblos no es va concebible en aquella forma primitiva, rural, sencilla, muy propia de campesinos y pastores, pero incompatible para vivir en las grandes ciudades, donde la vida, en contacto con los extraordinarios progresos de las ciencias y con nuevas expansiones de la civilización, tiene una organizaaón articulada necesariamente, de correspondencia, disciplinada, con que se llenan las necesidades de la misma vida; articulaciones prescindibles algunas de ellas, pero cuya omisión sería- bastante para hacer fracasar cualquier revolución si ésta no estaba apoyada por la fuerza de una dictadura de hierro. Contrarios a toda dictadura, los anarquistas y sindicalistas revolucionarios debemos mirar cara a cara esas realidades y ver que la organización de la sociedad futura sólo será posible o por la dictadura, que rechazamos ahora, o por el resultado del sentido constructivo efectivamente desarrollado en nosotros antes de la revolución a ane aspiram3s.

T os cbreros manuales, por sí solos, no están en condiciones dc asegurar la organización de la producción con arreglo a las necesidades del consumo. Las organizaciones sindicales son incompletas. Faltan en ellas los trabajadores intelectuales, los técnicos, y la seria y firme atención a los problemas de relación, a la gran cuestión de detalle representada por las partes que forman el inmenso conjunto del mundo de la Economía; y es preciso que esta firme y seria atención y la atracción de los técnicos a las organizaciones obreras de clase, dándoles para ello las necesarias facilidades, sean para la CNT objetivos urgentes a perseguir.

Sigamos razonando, sin embargo.

La imperturbabilidad de la producción es lo que hay que asegurar. Ccntra los perniciosos efectos de la división del trabajo, los obreros deben procurarse el medio de que la falta de un solo factor no interrumpa el normal desenvolvimiento de aquél. La burguesía, muy previsora, por cierto~ ha hecho del artista una máquina humana. Dividido el trabajo por especialidades y jerarquías, se consiguen dos objetivos: una mayor potencia productiva en los obreros y hacer de éstos una parte simple v mecánica del gran mundo del trabajo. El obrero, hoy, está especializado v tiene el máximo dominio del trabajo que realiza, pero desconoce el conjunto del mecanismo de la industria a que dedica sus actividades. Sin él, la industria funcionará mal o no funcionará; mas sin el técnico, las funciones de la industria serán peores y más segura su paralización.

Consigue un tercer objetivo la división del trabajo: crea su aristocracia (los trabajadores intelectuales) y el montón vulgar (los manuales). Estos son el nervio, el cerebro aquéllos. La burguesía prodiga los mimos y trata con preferencia (hipócrita- mente, sin duda alguna) a la aristocracia del trabajo, con el fin de tenerla distanciada de las masas manuales. Y a fe que lo consigue. Y ello aconseja no fiarlo todo a la atracción de los~ técnicos a las organizaciones obreras de clase.

Los comités de fábrica, talleres, etc., constituidos en todos y cada uno de los centros de producción, pero no para la realización de funciones circunstanciales, sino permanentes, pueden ser de extraordinaria utilidad para subsanar el defecto que venimos señalando. Porque los comités de fábrica, además de ser el nexo que una las masas obreras al sindicato v los que recojan las aspiraciones v el sentir de las mismas, etc. deben y pue~len dedicar la mayor parte de sus esfuerzos a inquirir conocimientos técnicos de la industria respectiva, aparte de otros conocimientos que, si bien menos fundamentales, son tan necesarios como aquéllos; v. g., sobre las cuestiones comerciales y económicas.

No se nos escapa que la adquisición de esos conocimientos no es cosa fácil, y hasta damos por segura la imposibilidad de conseguir la totalidad de conocimientos precisos para hacer funcionar determinadas industrias. Pero estas dificultades para llegar al dominio del todo no han de ser motivo de abandono de la parte, pues que ésta, insignificante y todo, representará siempre la posesión de un caudal de conocimientos que, siendo preciosos y muy útiles para organizar la producción, no se poseen ahora. Poseer estos conocimientos es una cuestión fun damental para la organización. Y si lo incompleto de los mismos fuera motivo de desmayo, si hubiese alguien que viera la inutilidad de un esfuerzo, no se olvide que no todas las industrias --tal vez en el casc negativo están comprendidas las de técnica compleja-- son de imprescindible necesidad para la vida de los individuos, que es lo que en un momento revolucionario hay que asegurar.

En otro orden de consideraciones, lo mismo que decimos de las industrias podríamos aplicarlo a otras ramas de actividad ~roductora, tanto más si se tiene en cuenta que los problemas del campo, aun en sus aspectos más simples, han estado prácticamente abandonados. son extraordinariamente desconocidos de la CNT, hecho sumamente paradójico en colectividades cuyos fines sean revolucionarios. Y es qu~ en real!idad aún no hemos aprendido a destruir creando, y ya es hora de empezar la tarea constructiva, tanto más cuando ia sola iniciación de esta tarea habría de conducirnos a una ascensión empírica hasta llegar a lo insospechado, a la verificación de una labor esencial v fundamentalmente revolucionaria.

En conclusión: Expuestos estos motivos como simple estimulante a pensar, vamos a otro tema, recordando que para la conquista del patrimonio común de la Humanidad no bastan el derecho y la fuerza materiales: es necesariamente precisa la superación moral e intelectual de los trabajadores en todos y cada uno de los aspectos de la vida social de !os pueblos, y los materiales para la superación de su personalidad individual y de clase deben buscarlos, de una u otra forma, donde ~uiera que estén.

CA YíTULO ~II I

EL COOPERATIVISMO COMO OBRA CONSTRUCTIVA

Nuestro pensamiento, máxime si éste ha sido elaborado por la experiencia y el estudio, no se s~lpedita a los dogmas y rutinas ni a seguir ios caminos trillados. Rendimos culto a las más elevadas concepciones del pensamiento; pero sin análisis, o sin conformar las cosas a las exigencias de los tiempos, medio y lugar, según las leyes de ia evolución, aprisionamos el nuestro en las fórmulas y sentencias de los demás, qus si bien puede que ayer fueran una verdad, no menos pueden haber dejado de serlo hoy. Este es el problema que hoy plantea el coopera- tivismo.

Por de pronto, veamos, extractando el dictamen por ellos aprobado, el concepto que acerca del cooperativismo tenían los internacionalistas en el Congreso celebrado en Barcelona en 1870.

<<Que la cooperación en sus ramos de producción y consumo no puede ser considerada como medio directo y absoluto para alcanzar la emancipación de las clases trabajadoras: sólo sí puede servir como medio indirecto para aliviar algún tanto la suerte de una parte de nosotros y alentarnos a trabajar en la consecución del verdadero objeto.

>>Definidos como están ya por los Congresos internacionales obreros el objeto y fin de nuestra organización, fácil fuera comprender la medida en que deberían ser aplicados, la estima que podría darse hoy a aquellos medios indirectos; pero conviene observar que si el obJsto está científicamente definido, no lo está en la conciencia de todos m~estros hermanos que se hallan O deben hallarse dentro de la federación universal.

>>De aquí nace que la cooperación en ~eneral tenPa va desde lue~o un inmenso valor positivo, considerada como estímulo capaz de atraer a nuestro seno v mantener ligados a nosotros a aauellos nuestros hermanos que no participan todavía en grado conveniente de todo el radicalismo de nuestras convicciones, v a quienes por esta causa es preciso ofrecer un objeto que esté a su alcance para inducirles a la federación. Además la cooT~eración de producción con la universal federación de aso ciaciones productoras es la gran fórmula del gobierno (?) del porvenir, y de aquí también la utililad de ir cultivando este ran?o para adquirir hábitos prácticos de ~nanejo de neRocios con APLICACION A LA SOCIEDAD ~UTURA, que no reconocerá en los hornbres otra representación ni otro carácter que el de trabaiadores.>>

|I He aquí las conclusiones del dictamen que extractamos:

<<l a Que siendo el único objeto de la organización obrera el complemento de la solidaridad en el deseo de emanciparnos inmediatamente, el ramo directo y absoluto de la cooperación ha de ser la propaganda, y que a ella deben tender toda sociedad parcial y toda federación de sociedades en secciones o centros; o en otros términos, que la propaganda debe ser la base de nuestra organización.

>>2 a Que como medios subordinados son de gran importancia los otros ramos cooperativos en cuanto tiendan a la soli daridad y huyan de crear intereses restringidos.

>>3,a Que la cooperación de producción, cuando las circunstancias lo exijan, debe preferir los objetos de inmediato consumo del obrero, v es reprobable siempre que no se extienda de hecho su solidaridad a grandes agrupaciones.

>>4,a Que la cooperación de consumos es la única que no sólo puede aplicarse en todos los casos y circunstancias sino que ha de servir de elemento o medio de iniciación generai para todos los obreros a quienes, por su estado de atraso, difícilmente podrían alcanzarles los beneficios de la nueva idea.

>>5,a Qué al lado de la cooperación de consumos y como auxiliares suyas puede colocarse la cooperación en los ramos de socorro e instrucción mutua.~>

~ extractado puede verse que el criterio de aquellos hombres del año 70 en manera alguna era contrario al cooperativismo. Al revés: aunque indirecto, reconocían en él un medio de posltiVo valor, de <<un inmenso valor positivo~>, ya que <<la utilidad de ir cultivando este ramo para adquirir hábitos prácticos de manejo de negocios con aplicación a la sociedal futura>>, no fue cosa que, por su importancia, les escapara con facilidad.

Sin embargo, no tardó muchos años en aparecer un criterio totalmente distinto: <<El cooperativismo, se dijo, materializa a los hombres, les hace conservadores y, por consiguiente, son un lastre que dificulta la ascensión hacia las cumbres del ideal emancipador>>. Pero antes se había dicho que el cooperativismo es de <<un inmenso valor positivo>>. [[questiondown]]De qué parte está la razón? [[questiondown]]Juzgaron la doctrina unos hombres y los otros al individuo?.~. Sabemos que el individuo es producto del medio en que se desenvuelve, y aun admitimos en este caso que el medio es la resultante de la doctrina de cooperación. Mas [[questiondown]]no es admisible, también. que las prácticas de la doctrina hayan adolecido de un vicio de origen, en cuyo caso el defecto puede estar en ésta, mas también sólo y exclusivamente en la interpretación y utilidad que a ella le diera el individuo? Más claro: [[questiondown]]no podría suceder que el cooperativismo resultara malo, no por el contenido de su doctrina, sino por la acción de los hombres?... Y en otro orden de consideraciones, [[questiondown]]acaso la idea de la cooperación, como no ocurre con idea ni doctrina alguna, escapa a las leyes de la evolución, que lo conforman todo a las exigencias de los tiempos, de los días, de las horas, o es que la doctrina del cooperativismo no es susceptible de sufrir alteraciones en los principios básicos, incluso los concebidos por sus teóricos?

Es posible que unos v otros tuviesen razón, y no seremos nosotros los interesados én aquilatar cuál de las dos alas discrepantes pudo tener mayor cantidad de ella. Desde entonces pasaron a!gunos lustros, la mentalidad y la conciencia del individuo pasaron por la prueba de diversos y magnos acontecimientos históricos, la nebulosa en cada uno de ellos ha sustituido a la claridad que es necesaria a los pueblos para decidirse a caminar hacia su total emancipación. Y si no fuera esto, quedaría nuestra independencia de criterio para afirmar que el cooperativismo (queremos referirnos al de consumo solamente)> es un medio directo para combatir al sistema capitalista y que es obra constructiva con aplicación a la presente sociedad y a la sociedad fu~ura.

Sigamos un método de abajo arriba para intentar demostrarlo. ~ La CNT, más por causa de los defectos de comprensión de los problemas, que hemos apuntado en el <<haber>> de la gene- ralidad de sus dirigentes--si se quiere, de los núcleos de im- posición--, que no porque estuviera en los propósitos de ella ha dirigido todas sus actuaciones de captación de masas y su espíritu revolucionario a las grandes y pequeñas zonas indus- triales y fabriles, sin que jamás asistiera de forma resuelta a la conquista del obrero campesino. Y es cuestión de repetirlo una organización que no mire con igual preferencia a los tra bajadores del campo que a los de la ciudad no es una organi- zación completa ni, por lo mismo, puede tremolar la bandera de la íntegra emancipaaón del proletariado, y obviaremos las fáales razones que existen en prueba de lo que decimos Cuando hablamos de los trabajadores del campo soslayamos el problema jurídico de la tierra, que, aun entrañando un fondo trascendental de justicia, después de todo, nos haría caer en el reformismo. Nos referimos al problema de organizaaón, de concatenación de intereses, simplemente, aspecto que no debe olvidar la CNT. Mas en este aspecto nos hallamos ante un problema de características especialísimas no concurrentes en los trabaiadores industriales, pues que los campesinos, aunque ninguno escape a la explotación de los propietarios y terratenientes, no todos son asalariados. Hay el colono, el mediero, el aparcero, en fin, que necesitan, como el asalariado, del calor de la asociación para defenderse de las injusticias del priviIegio y de la tiranía del terrateniente, y se asocian, dados los prejuiCi05 y SU Incultura espiritual, para la consecuaón de fines que ni son de clase, podríamos decir, y mucho menos los de la CNT.

Existen esparcidos por ahí una multitud de sindicatos agrícolas cuyas más altas ejecutorias son la cooperaaón y el mutualismo, puesto que la finalidad suya casi exclusiva consiste en adquirir los abonos y semillas en común, persiguiendo la baratura de los mismos; en efectuar, también en común, la renta de los productos, huyendo de las especulaciones de los acaparadores, y en la prestación del apoyo mutuo en los casos te mala cosecha, pérdida de la misma, agobios económicos, accitentes o enfermedades. Y he aquí el problema: hay innúmeras y vastísimas comarcas agrícolas en que el jornalero propiamente ticho apenas es conocido, ya que los trabajadores de la tierra son todos colonos, medieros, aparceros sometidos a onerosas y draconianas condiciones más propias de esclavos que no de hombres libres; y así hay que preguntarnos: [[questiondown]]Debe la CNT tejar a esos hombres abandonados a su suerte? La CNT, para ser una organización completa y estar a la altura de su misión, los necesita en su seno; y cuando los llame, [[questiondown]]acudirán a su llamamiento?

Los simplemente jornaleros no es probable que opongan reparos y condiciones de clase alguna; en cuanto a los demás, los arrendatarios de tierras, etc., débese rechazar la posibilidad de que renuncien a los beneficios de la cooperación y mutualidad proporcionados por sus sindicatos, en cuyo caso se plantea el dilema siguiente: o se renuncia a la conquista de esos núcleos de campesinos, o la CNT ha forzosamente de aceptar --tácitamente está ya aceptado--el principio de la cooperación. Y aceptando, siquiera sea en hipótesis, que el organismo nacional se pronunciara por lo primero, preguntaríamos: [[questiondown]]Por qué razones se rechaza a unos núcleos de trabajadores que la CNT necesita en su seno? [[questiondown]]Por tener admitido el principio de la cooperación? [[questiondown]]Y con qué derecho, en nombre de qué principios se puede privar a esos trabajadores de lo que les proporciona innegables beneficios? [[questiondown]]Acaso escapar de las ~arras del almacenista, del acaparador y del usurero por medio de la asociación no es acción directa, o, en cualquier caso, es con- trario a la acción directa?...

Enjuiciemos la cuestión desde otro punto de vista diferente. [[questiondown]]Acaso no sería acción directa ejercida por los obreros industriales de las ciudades arrancar a los campesinos de la férula espiritual del cura v del cacique, de las agrupaciones religiosas, de la superstición y de los prejuicios sociales, factores negativos todos ellos en que se apoya el pernicioso divorcio entre el campo y la ciudad? [[questiondown]]Qué clase de acción directa sería esa acción generosa encaminada a libertar a los campesinos del yugo espi- ritual del cacique y el cura, a despertarles el sentimiento de la dignidad de clase y de la rebeldía y el ansia de emanciparse de la esclavitud económica en que vegetan a través de lejanas generaciones?... Tiene otro aspecto la cuestión: el aspecto experimental, constructivo. Los sindicatos agrícolas no han pensado ~amás en que las grandes extensiones de terrenos divididos en innúmeras parcelas y entre otros tantos arrendatarios son susceptibles de levantarles los mojones y ser trabajadas en común. Al señalar esa posibilidad no es propósito nuestro hacer hincapié en que la maquinaria agrícola, que significa economía en el esfuerzo y en el costo del trabajo a cambio de un mayor rendimiento, sólo sirve para aplicarla en grandes extensiones de terreno, sin deslindes, desde luego. Queremos decir que si este aspecto de sentido práctico resta en absoluta omisión, mucho menos se tendrá en cuenta para extirpar el individualismo esa vieia negación de toda sugerencia liberadora. Y si los sindicatos agrícolas son, por su atraso espiritual, incapaces de llegar al mínimo de tal posibilidad, [[questiondown]]quién dudará que sería práctica de la accion directa el que, tomando la omisión como pretexto se les sugiriera a los campesinos la idea del trabajo en común y, por consiguiente, el disfrute en común del producto del trabaio real]zado? [[questiondown]]Puede alguien negar que ello implicaría una práctica del comunismo, los primeros cimientos de la sociedad futura, lo que podríamos utilizar como ejemplo práctico para demostrar que las doctrinas anarquistas, por lo menos en su aspecto economico, no son de tan difícil realización, y mucho menos imposible, como aseguran sus enemigos?...

Dejemos que sobre ello reflexione quien quiera y pueda.

Repetidamente se ha dicho, y así debe ser, en efecto, que la organización económica, la estructura toda de la sociedad futura, ha de ser fecundada en las entrañas mismas de la actual sociedad. Reconocido está ello por anarquistas y sindicalistas revolucionarios, pero nada más que reconocido, puesto que, no bastando que esté delineado en los tratados teóricos y en sus propias mentes y conciencias, nada hacen en el orden práctico de dicha organización, tal vez convencidos--[[exclamdown]]ya sería tener convicción!--de que después del hecho violento de la revolu- aón, habrá tiempo suficiente para ponerse de acuerdo y orgaiizar la máquina económica de la nueva sociedad.

No hay duda alguna que en la sociedad emancipada de las tutelas del capitalismo y el Estado, la organización de la producción, siquiera transitoriamente--y presumimos que el tránsito habrá de prolongarse por mucho tiempo--, estara a cargo de los sindicatos, y admitimos que éstos reunirán en sí los suficientes elementos de capacidad para ello, como suponemos que acimismo estarán reunidos en los organismos superiores--e interés estaría en suprimir éstos cuanto antes--para ordenar las relaciones entre las diferentes industrias, etc., en cuanto al intercambio de materias primas y productos, y para coordinar la producción con arreglo a las necesidades sociales. Creemos que es este el criterio generalmente admitido acerca del principio de organización de la nueva sociedad (excusamos decir que otro criterio más amplio lo dejamos para los que crean que en~ yuxtaposición al hecho violento de la revolución podrá establecerse un mundo econ6mico- social sobre las bases del libre acuer- do y del apoyo mutuo). Lo que parece ser es que a nadie pre- ocupa el cómo será la producción distribuida al consumo, siendo ello como es un problema tan importante como el de la producción misma.

Los mismos teóricos libertarios, si bien han señalado la cooperativa como órgano de distribución de los productos al consumo, tan de paso lo han hecho, que no sera ligereza Si decimos que a ello le dieron la más ínfima importancia que se le podía conceder. No obstante, si no la Commune de París, por su efímera y sangrienta existencia, la Rcvolución rusa ha tenido la virtud de hacer comprender la trascendencia de la cooperativa en la organización económico- social de los pueblos que, como el ruso, operan transformaciones fundamentales de la sociedad, y así, a juicio nuestro con muy buen acuerdo, lo han reconocido Kropotkin, Grave y Sebastián Faure, entre otros pensadores del campo anarquista. Y es que así como en la sociedad capitalista el cornercio tiene tanta importancia como la industria y la agricultura, ya que éstas dependen del buen sentido y de la mejor organización de aquél, la distribucion de los productos en la sociedad futura tendrá asimismo que ser tan importante como la articulación de la producción, no por lo que respecta a facilitar el desenvolvimieni:o de ésta, sino porque la distribu- ciún organizada será un elemento de orientaaón del pueblo

desde el prlmer momento de la revolución, en cuanto a la provision de víveres (ya sabemos en cuánto depende de ello el triunfo de una revolución), y porque, además, la cooperativa ha de ser indefectiblemente el medio de distribución de la nueva sociedad redimida del capitalismo y el Estado.

Adoptar ya ahora el cooperativismo significaría la labor practica de ir fecundando la estructura económico- social futura en las entranas de la sociedad capitaiista; implicaría, por otra parte, <<adquirir hábitos prácticos de manejo de negocios con apicaCion a la sociedad futura como se afirmó por los internl~clonallstas en el Congreso de 187~... (el final lel párrafo fue censurado)