Segundo tomo

Hasta entonces la Alianza de la Democracia Socialista habla dado buenos frutos, o a lo menos no los había dado ostensiblemente malos. Dedicada a impulsar la organización obrera en el sentido de la mayor cohesión y en el de dirigirse hacia el ideal, había cumplido fielmente su propósito, y bien puede decirse que el Congreso de Córdoba tuvo razón en no satisfacer los deseos de los enemigos de la Alianza acordando <<no ha lugar a deliberar>> sobre aquella institución, o sea, dejándola obrar libremente mientras no se hiciera acreedora a la censura.

Podría discutirse la conveniencia o inconveniencia de sugestionar las agrupaciones obreras con el fin de realizar ciertos actos no determinados por la propia voluntad dirigida por el conocimiento previo y en este sentido pienso hoy lo contrario de lo que pensaba treinta años antes, y consigno aqul como descargo de conciencia y como conseio a mis compañeros.

Entusiasta por el ideal ante la elocuente a la par que sencilla v sugestiva demostración de Fanelli, parecíame que todos los trabajadores habían de sentir y comprender con igual rapidez e intensidad y cuando no, adoptando la máxima <<el fin justifica los medios>>, que todo el mundo profesa en mayor o menor escala, aunque hipócritamente se megue por rehuir concomitancias con el antipático jesuitismo, por bueno tenía empujar dando a la ficción la apariencia de la realidad. Y empujé, junto con mis compañeros de la Alianza, hasta constituir una federación de federaciones que asustó a gobernantes rícos y aspirantes a serlo, y que en realidad era un castillo de naipes sin la menor solidez, que había de derrumbarse, como se derrumbó, ante el menor choque autoritario, no quedando de todo ello más realidad que los individuos convencidos y aun los fanáticos mientras les durase la cuerda y no viniera el esceptismo a desvanecer las ilusiones.

[[questiondown]]Qué sabía yo entonces de la influencia regresiva del atavismo ni de la lentitud progresiva de la evolución? [[questiondown]]Quién pudiera culparme, ni a otros compañeros trabajadores aliancistas. de que creyéramos sobreponernos al atavismo y a la evolución con actos de ilusorio radicalismo, cuando en el absurdo nos acompañaban y hasta se nos anticipaban hombres de privilegio que estudian en la Universidad y poseían títulos y grados académicos?

Hoy considero que las afirmaciones que haga o que hagan en nombre de una entidad grande o pequeña, llámese sociedad, asociación, liga, partido, masa, multitud, sólo tienen valor positivo según se aproximen a radicar en todos y en cada uno de los individuos que componen la corporación de que se trate. Un programa, un manifiesto, una manifestación, las conclusiones de un mitin, una votación, una sonada, aunque por su importancia material tenga carácter de revolución, nada significan si su interpretación corre exclusivamente a

11. Crisis de la Federación Regional Española de La Internacional 419

cargo de sus inspiradores y directores habiéndola de acatar el mismo pueblo a quien se pretende beneficiar.

[[exclamdown]]Cuánto más beneficioso hubiera sido que, en vez de arrancar acuerdos y soluciones por sorpresa, se hubiera propuesto la Alianza una obra de educación y de instrucción, encaminada a obtener acuerdos y soluciones como sumas de voluntades conscientes!

No se hizo así, y de ahí sobrevino un éxito aparente, tan grandioso como falso al principio, falsa e impracticable organización después, y por último, una decadencia rápida que llega al lindero del fracaso absoluto.

La obra desorganizadora de la Alianza fue mucho más rápida que la organizadora. Antes era necesario estar al tanto de todos los asuntos de la organización, haber preparado las soluciones en reunión secreta y trabajar en el seno de las secciones, federaciones, comisiones, comités, consejos, periódicos, congresos y conferencias para obtener los acuerdos deseados. Después bastó insinuar una calumnia en desprestigio de un individuo o de una entidad y servirse del correo para producir la hostilidad necesaria y conseguir el objeto deseado.

Contra mí principalmente y contra mis compañeros de Comisión federal, Gasull, Nácher, Alier y Vidal, se levantó una tempestad de odio en Barcelona 65, Desvanecida en la Conferencia de la Comarca Catalana, celebrada en Manresa, con la aprobación de la memoria, de la conducta y de las cuentas de la Comisión federal, se renovó después con la publicación de los acuerdos de las Conferencias comarcales y el nombramiento y constitución de la Comisión federal, fundándose en la acusación calumniosa de que yo había falseado la elección de la Comisión federal.

La acusación, además de falsa era absurda. E1 nombramiento se efectuó de la manera siguiente: En la primera conferencia se designó como residencia de la Comisión federal, Barcelona, los delegados catalanes, muchos de Barcelona o de sus inmediaciones conocían bien el personal y presentaron y votaron sus candidatos; en las demás conferencias que desconocían el personal, votaban por confianza los mismOS que habían votado la conferencia anterior, o algún nombre

conocido, o a capricho el nombre que entre los candidatos les chochaba porque sonaba mejor, y delegado hubo que votó el nombre catalán de pronunciación más difícil, pronunciándole el votante de una manera ridícula entre las risas de los demás delegados. Poco me hubiera costado elogiar a uno y censurar a otro, determinando a los electores en el sentido de mi preferencia pero no lo hice, lo que no

obsta para que se me acusara de haber ejercido coacción sobre los electores para dar un pucherazo electoral.

Constituida la Comisión federal y publicados los acuerdos de las

Conferenciass mis enemigos, que lo eran mis compañeros de la Alianza,

11 4>

Segundo tomo

no pararon hasta ultimar los trabajos de protesta y convocatoria de una conferencia extraordinaria para destituir la Comisión federal y nombrar otra nueva, instigando a las Federaciones locales para que nos negaran toda correspondencia.

E1 resultado fue el que se proponían.

Convocóse una Conferencia extraordinaria. Los que creían haber salvado de un peligro a la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de los trabajadores fueron los que le asestaron el golpe mortal. Aquella conferencia puede decirse que fue el último acto celebrado por la Asociación en España.

La Comisión federal, en vista de la injustificada y apasionada guerra que se le había declarado, acordó hacer entrega de su cargo y de su documentación a una Comisión de la Federación local barcelonesa como así se verificó.

La Conferencia extraordinaria se convocó y se reunió con delegados de las comisiones comarcales, pero la tal Conferencia resultó una injusticia flagrante. No sólo no se ajustó a ningún precepto estatutario, sino que la casi totalidad de los delegados eran federados barceloneses que habían recibido su mandato, no de las secciones, no federaciones, ni comités, consejos locales o comisiones comarcales de las comarcas que representaban, sino de no sé qué Comisión barcelonesa que había recibido nombramientos en blanco de las comisiones comarcales y entregaban, poniendo su nombre, al individuo que convenía y se prestaba a desempeñar la farsa de tal reptesentación.

Así lo arregló el cacicato dictatorial y electorero de la Alianza; hasta ese punto degeneró aquella Alianza que soñó dar al proletariado energia artificial para cambiar rápidamente el régimen social.

Mis compañeros de Comisión federal y yo recibimos cada uno lina invit irion rannfZhirl 1 Pn Petne tfbrminas

ASOCIACION INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES

Federación Española

<<La Conferencia regional española ha resuelto invitarte para que hoy a las cuatro de la tarde te presentes en la plaza de Cataluña, a fin de asistir a la reunión de esta Conferencia >>

Salud, Anarquia y Colectivismo, 7 de febrero de 1881.-El delegado de la Comarca de Andalucia del Este.-El delegado de la Comarca Valenciana.-El delegado de la Comarca Catalana.-El delegado de la Comarca de Castilla la Nueva.-El delegado de la Comarca de Castilla la Vieja.-El delegado de la Comarca de Andalucía del Cleste.-Sello de la Comisión comarcal catalana66.

Aunque no tuve tiempo para ponerme de acuerdo con mis compañeros de Comisión federal, sabía yo que indignados por la injusticia de que eran objeto, no querían obedecer la invitación que tenía

X [[exclamdown]] Crisis de la Federación Regional Española de La Int<<nacional 421

carácter de mandato; pero yo, aunque poseído de los mismos sentimientos, me presenté en la plaza de Cataluña en el momento indicado, y un compañero me condujo a Gracia, a un café, en un salón del piso superiorX donde se hallaba reunida la Conferencia, compuesta toda, si no recuerdo mal, de federados barceloneses, excepto uno de Valladolid, a quien sus compañeros delegaron para el caso.

Aquellos compañeros, amigos míos, todos en tiempo normal, habían tomado en serio su papel de justicieros. Me designaron un asiento en medio del local y frente a la mesa, produciendo bien el efecto de tribunal ésta y banquillo del acusado aquel. Se me interrogó y acusó duramente; respondí y me defendí con sencillez, y sinceridad y tuve el sentimiento de oír las más apasionadas, falsas y calumniosas acusaciones y de ver que un compañero andaluz, que se había manifestado muy amigo durante su residencia en Barcelona, hacía ya algunos años, y que en su deseo de instruirse me había rogado le enseñara gramática, porque deseaba aprender a escribir para la propaganda, se ensañara contra mí acusándome de que quería detener la organización obrera, arguyendo en pro de su acusación con falsedades por demás exageradas y ridículas.

La conferencia extraordinaria estuvo al ínfimo nivel que correspondía a la pequeñez de su objeto. Cuandos los jueces de la farsa se creyeron satisfechos, sin más defensa que la que yo mismo hice con la sencillez de mis respuestas, me despidieron, y me retiré con la dolorosa sensación de ver en mi entusiasmo por el ideal y mi constante trabajo recompensado por segunda vez con negra ingratitud.

Supe después que aquella conferencia me había expulsado de la Federación Regional por no sé qué crímenes, y encargaba a la Federación local de la población de mi residencia que me vigilase constantemente. La circunstancia de haber atendido a su invitación, presentándome, lo consideró aquella Conferencia como circunstancia agravante, porque a los otros invitados que no comparecieron les condenó a penas más leves; no puedo precisar cuáles, porque sólo recuerdo la impresión recibida entonces y no conservo documentos que la precisen.

La expulsión de un individuo por el poder absorbente de aquella Conferencia extraordinaria no tenía eficacia, no podía surtir efecto mientras continuara yo siendo socio de la Sección de Tipógrafos de Barcelona, federada a la Federación local de la misma ciudad.

Así lo comprendieron mis enemigos, y para subsanar su falta trataron de expulsarme de la sección de mi oficio, y al efecto recurrieron a someterme a un jurado formado por la misma.

Constituyóse el jurado en casa de un antiguo y querido amigo, cuyo nombre no quiero citar por respeto cariñoso a su memoria, quien, convertido a la sazón en mi enemigo, actuaba de presidente 67,

422

Mi afectuoso y buen amigo de los buenos tiempos del principio de La Internacional, mi compañero de la Alianza, me tenía allí delante y se disponía a juzgarme, a mí, que ocupaba por segunda vez el banquillo de los acusados por haber cumplido con mi deber, por haber hecho un acto de independencia contra la soberbia de un compañero endiosado, de un anarquista que, según frase de un compañero aliancista que no tuvo valor para sostener su opinión, llevaba un emperador dentro de su cabeza. Porque bueno es recordar que aquella ola de pasión y de injusticia provenía de haber indicado a un individuo, que se había erigido en dictador, que había de limitarse a ser compañero sin exceder en nada el nivel del compañerismo 68,

Sirvió como motivo de acusación contra mí el acuerdo de la Conferencia extraordinaria expulsándome de la Federación Regional, y aquel motivo, lejos de provocar en mis compañeros de sección la idea de expulsarme, debía, por el contrario, haber motivado una enérgica protesta contra el abuso de autoridad y la usurpación del poder que se había atribuido aquella desdichada conferencia extraordinaria

En efecto, según el reglamento típico de la sección de oficio, concordado con todos los demás reglamentos y con los Estatutos de la Federación Regional, el obrero internacional lo era por su admisión y por su continuación en la sección cie su of icio.

Se comprende que así fuera y no podía ser de otro modo: en buena doctrina federalista el individuo autónomo se comprometía en el seno de la sección de su oficio al cumplimiento de los deberes necesarios para el goce de determinados derechos. La adinisión y exclusión de los individuos competía exclusivamente a la sección, la cual, para excluir al individuo que lo mereciera, tenía instituido al jurado en sus artículos 40 al 43 de su reglamento. La Federación local podía admitir o excluir secciones y la Federación regional admitía o excluía Federaciones locales, según consignaban sus respectivos reglamentos, pero nada tenían que ver con los individuos.

Lo racional era que la Sección de tipógrafos de la Federación local barcelonesa se querellara contra la Conferencia extraordinaria por usurpación de poder, por abuso autoritario contra la sección misma prescindiendo por el momento de un asunto particular. Cada socio debió ver ante todo una injusticia, una contravención al pacto federal, y después un peligro para sí mismo; la sección, dejando en segundo término el examen de mi conducta, debió proclamar la integridad de su autonomía, rechazando la intromisión de la Conferencia en la esfera de las respetables autonomías de la sección y del individuo, y después juzgarme.

No fue así, desgraciadamente, en la Sección de Tipógrafos había miembros de la Alianza que figuraban entre mis jueces, y estos jueces que gozaban de influyente prestigio en la sección, estaban de acuerdo

Segundo tomo

11 C}isis de la Federaci6n Regional Española de La Internacional 423

con otros aliancistas que habían representado el papel de delegados en la Conferencia que acababa de decretar mi expulsión, y hallaron más racional respetar el acuerdo de sus colegas, aun tratándose de otro colega como era yo mismo, que atenerse al pacto fundamental de la organización obrera Internacional.

E1 resultado de aquel jurado fue desastroso: asistí a dos sesiones y con la razón de mi parte y con la convicción íntima de mi derecho desconocido por cuantos eran mis enemigos o permitían con su indiferencia que se me ultrajara y atropellara, convertí el banquillo de acusado en dignísimo tribunal y viceversa la mesa de los jurados.

Sufrí el interrogatorio a que tuvieron a bien someterme, pero mis obcecados compañeros, peor que obcecados, dominados por un convencionalismo que les tiranizaba, súbditos del anarquista autócrata, se dieron cuenta de su falsa situación, y en vez de libertarse por un acto de franca y noble valentía proclamando mi justificación y la autonomía de la sección, optaron por lo peor, por el absurdo de dejar en suspenso al jurado sin dar veredicto absolutorio ni condenatorio, sacrificándome a la soberbia del dictador que de tal manera dominaba en aquella decadente Federación Regional.

Así quedé yo moralmente, sin tierra que pisar, ni socio, ni internacional; esfutrol, por exclusión y abandono: en la imprenta en que trabajaba, desempeñando la plaza de corrector, y donde todos los compañeros de trabajo eran socios de la Sección de Tipógrafos, me quedé completamente aislado; nadie me dirigía la palabra; todos mis amigos, puesto que no frecuentaba más amistades que la de algunos compañeros, se apartaron de mí, y quedé reducido a un mínimum de vida inadmisible para quien, gozando de libertad, necesitaba la amistad, la lucha, la propaganda y la comunión humana.

La enemistad de mis ex-compañeros llegó al extremo de querer privarme de medios de subsistencia; se pensó en que se me despidiera de la imprenta, y llegó a darse algún paso en aquel sentido; pero se desvaneció el propósito por un resto de buen sentido irritado ante la enormidad de la felonía propuesta por un socio que se mostró en contra mía poseído de la más rabiosa enemistad. [[exclamdown]]Quién sabe qué causaS motivaban en aquel individuo tan deprimente pasión! [[exclamdown]]Sólo diré que aquel hombre, algunos años después de los sucesos que vengo relatando, se mató de un tiro en su casa y en su cama! 69.

Como resumen y recuerdo característico consigno el hecho siguiente: Un día festivo salí a dar un solitario paseo; caminaba por la ronda de San Antonio con dirección a la plaza de la Universidad, y desde lejos vi venir hacia mí a un antiguo compañero a quien hacía mucho tiempo aue no veía v con auien había tenido gyran amistad v confian

Segundo tomO

424

za. Me disponía a saludarle cuando, ya a los pocos pasos de distancia separa de mí su vista, se finje distraído, y en el momento de cruzarSe conmigo escupe al suelo y pasa de largo.

Grande fue la pena que sentí en aquel momento, pero mi justicia me confortó y me consoló: yo no merecía semejante desprecio, y mi pena se convirtió en lástima por aquel y otros muchos compañeros sugestionados por la calumnia a causa de su ignorancia y débil voluntad.

Una ola de pesimismo me amenazó; a otros en análogas circunstancias les habría anegado y sumido en el abismo del esceptismo, considerando irredimibles a los trabajadores; yo me libré de ella, porque, procurando elevarme en mis consideraciones a mayor altura, tuve un punto de vista que me permitió alcanzar el conjunto de las causas, y vi, si no una justificación en aquellos irracionales apasionamientos, una explicación, de la cual deduje, no el desvanecimiento de mis emancipadoras esperanzas, sino su realidad despojada de vanos espejismos: no tomé mi deseo como anhelado oasis en el desierto. sino que pude apreciar el camino recorrido y calcular racionalmente el que faltaba recorrer, tras el cual confiaba en hallar, como sigo confiando en el momento de trazar estas letras, el ideal que como profecía científico-revolucionaria promete el progreso.

Tenía necesidad de justificarme, de defenderme, de ponerme a cubierto contra los efectos de la calumnia por mi propia honra y como tributo a la verdad, y mi juicio y la experiencia me suministraron el medio. Había ya observado que en los pasados antagonismos personales las discusiones tenían siempre carácter agresivo: uno acusaba a otro por una falta y en la acusación ponían siempre un tanto más de malicia para causar efecto más seguro; el acusado, en su defensa solía defenderse de lo principal como podía y del accesorio malicioso con mayor insistencia, porque le era más fácil desvanecer la exageración, y al hacerlo no podía por menos de recargar por su parte con una nueva exageración, y de este modo los enemistados emprendían una marcha diametralmente opuesta en la que la concordia era absolutamente imposible. De este modo los amigos enemistados llegaron a sentir lo más agudos odios y a sugerir en sus parciales los mismos horrorosos sentimientos.

Nada hice en mi defensa; sobre todo tuve especial cuidado en no ofender a nadie, y así pasé tres o cuatro años en una especie de retiro, que me sirvió de descanso, dedicado al estudio, preparándome para futuras campañas, confiado en que aquel turbión pasaría, y con un ambiente renovado podría dedicarme a la lucha por la conquista del ideal

il. Crisis de la Federaci6n Reglonal Española de ;,a Internaciona; 425


[FEDERACIÓN DE TRABAJADORES DE LA REGIÓN ESPAÑOLA] 70

En 1881 ocurrió en Barcelona, como punto en que se centralizó la actividad obrera española, un fenómeno difícil de explicación: en febrero se celebró la conferencia extraordinaria de La Internacional española, donde murió aquella Federación que tantas esperanzas hizo concebir al proletariado y tantos recelos a los gobiernos y a la burguesía; en septiembre, en el transcurso de siete meses, apenas, se celebró el primer Congreso para la constitución o reconstitución de una nueva Federación de trabajadores puramente española.

Al tétrico aspecto de un conventículo reunido en un saloncillo de un café de Gracia, en un día lluvioso y triste de febrero, donde unos hombres poseídos de odios mezquinos contra un compañero, acumulaban acusaciones calumniosas, sucede la reunión magna del teatro del Circo de Barcelona, en el mismo que se celebró el primer Congreso obrero de España, creador de la Federación Regional Española de La Internacional, en un día de esplendidez otoñal, en que numerosa reunión de delegados, en representación de muchas entidades obreras, casi todas las que constituyeron la disuelta Internacional y muchas otras más, se entregaban a las expansiones del entusiasmo, animadas de confortable esperanza en la emancipación social del proletariado.

[[questiondown]]Por qué tales extremos? [[questiondown]]Por qué no, dada la igualdad del objetivo, continuó la primera Federación en fecunda y práctica normalidad sin necesitar los entusiasmos de la segunda? [[questiondown]]Fue la segunda más eficaz que la primera?

La Federación puramente española no renegó ningún principio de los sostenidos cuando era Federación española internacional; siguió afirmando que la emancipación de los trabajadores no es un problema local ni nacional, sino que interesa a todas las naciones civilizadas, como proclamaba La Internacional, como lo prueba el artículo 1.deg. de sus Estatutos, así concebido: <<La Federación de Trabajadores de la Región Española tiene por objeto: realizar la unión de los obreros españolc5 para practicar la solidaridad con sus hermanos de todas las regiones, en la lucha contra los monopolizadores del capítal y detentadores de la propiedad, lucha que debe conducir a la completa emancipación del trabajo>>.

Tan internacional era después como la había sido antes. Si en un principio hubo un Consejo general donde se centralizaba la representación obrera de todas las naciones, después quedaron existentes comisiones nacionales que podían entenderse entre sí para los efectos de la solidaridad, el resultado podrá ser teóricamente el mismo, y quizá más positivo después a causa de que en el Consejo general po


..., en propiedad colectiva lo efectuaremos cuando tengamos medios y pode para verificarlo por medio de la Revolución social; y no queremos, ni podemos ni debemos hacer propaganda en pro de tan grande y justa transformación, ni por el robo, ni por el secuestro, ni por el asesinato. El que roba, siempre serL un ladrón; el que secuestra, un secuestrador y el que asesina un asesino, Ic mismo en la sociedad presente que en la del porvenir.

En el seno de la Federación de trabajadores de la región española no caben ni existen ladrones, secuestradores ni asesinos

Conste así a los poderes públicos y sirva esta declaración de solemne men tís a la venal e hip6crita prensa burguesa que, con sus falsas delaciones, trata de manchar con su asquerosa baba a los hombres que, por ser proletarios somoe honrados, dignos y revolucionarios.>>

Esta declaración que hace dos meses publicamos, no ha sido rechazada pOI ninguna de las 270 federaciones locales, ni por ninguna de las 836 Secciones, ni por ninguno de los 70.000 trabajadores que constituyen la Federación de traba jadores de la región española.

Nosotros nos hemos organizado con el mismo derecho que se han organizada todos los partidos políticos. Ellos se organizan para la conquista del poder po litico, y nosotros para abolir todos los poderes autoritarios.

Somos anarquistas, porque queremos el libre ejercicio de todos los derechos y como éstos son ilegislables, no es necesario ningún poder para legislarlos y reglamentarlos .

Somos colectivistas, porque queremos que cada productor perciba el producta íntegro de su trabajo y no existan hombres que se mueran de hambre trabajando, y otros que sin trabajar vivan en la holganza y encenegados en la corrup ción y en el vicio.

Y somos partidarios del grande y fecundo principio federativo, porque creemos que es indispensable para la práctica de los grandes y justos principios anárquico-colectivistas, la Federación econ6mica, la liDre federación universal de las liDres asociaciones de trabajadores agrícolas e industriales.

Estas ideas que, en nuestro concepto son las únicas que pueden regenerar a la humanidad entera, se han propagado en más de cien mil volúmenes, en cerca de dos millones de ejemplares de nuestros periódicos, en veintitrés congresos y en miles de asambleas públicas, y tan correcta ha sido nuestra conducta, que a pcsar del odio que la burguesía nos profesa, no ha encontrado pretexto alguno para proferir contra ningún federado, ninguna pena aflictiva por la propaganda de nuestros principios.

Si hoy en presencia del fecundo desarrollo de nuestra organización, y ante el temor de perder, en tiempo tal vez no muy lejano, irritantes e injustos privilegios, se pretende deshonrarnos para cubrir las apariencias de brutales persecuciones e injustas medidas excepcionales en contra de nuestra gran Federación de trabajadores, es necesario que no ignoren que su trama es demasiado burda y que su inmortal juego está descubierto, y conste una vez más, que nuestra Federación nunca ha sido partidaria del robo, ni del incendio, ni del secuestro, ni del asesinato, sepan también que no hemos sostenido ni sostenemos relaciones con lo que llaman Mano negra, ni con la Mano blanca, ni con ninguna asociación secreta que tenga por objeto la perpetración de delitos comunes.

lenemOs el aerecno ae peulr a la P DV U,UÇ tCDC Cll a sus lamentables confusiones, como tenemos el derecho de perseverar en nuestro' propósitos justos, legales y revolucionarios mientras que por una ley no se re produzca la irritante e injusta teoría de los partidarioAs legalles e ilegales

de cumplir con su deber y que todos propagaremos en pro de las Ideas que nan de emancipar al proletariado por medio de la más justa y de la más grande de las revoluciones, de la inevitable Revolución social, ineludible en su día por las leyes del Progreso.

A todos los amantes de la Verdad, de la Justicia y de la Moral, deseamos Salud, Anarquía, Federaci6n y Colectivismo.-La Comisión Federal Española. Marzo de 1833 81


Se necesitaba un carácter y un temperamento muy especiales para perseverar sin vacilación ni desmayo en el propósito emancipador del proletariado, ante las diversas vicisitudes por que había pasado, unas prósperas, otras adversas, a lo menos en apariencia.

Entre alternativas tan diferentes, era difícil apreciar si se había producido, con la institución de La Internacional, una agitación estéril que, tras un período de movimiento irregular y desacostumbrado, había de volver a la calma letárgica, o si a consecuencia de aquel movimiento se había producido un corto avance, que sirviera de base a sucesivos y constantes movimientos progresivos.

A las reivindicaciones proletarias, que en un principio causaron tanta alarma entre los privilegiados como expansiva alegría entre los desheredados, sucedió la adopción de leyes y medidas represivas, y, si no la antigua tranquilidad estacionaria, sobrevino una desesperante neutralización de los esfuerzos de los beligerantes en la lucha social.

Pero el impulso estaba dado, la calma era ya imposible, y lo que no pudo lograrse como resultado de un conocimiento y de una voluntad de la colectividad, podía esperarse de los azares de la lucha y de la casualidad de la aparición de campeones más o menos inteligentes y enérgicos, capaces de sacudir la pesada apatía popular. Ello es que el antiguo concepto de la paz social, encubridor de un estado de iniquidad insostenible, había totalmente desaparecido; el retroceso era imposible; quedaba, pues, como fatalidad inevitable el progreso, dependiendo lo pausado o acelerado de su marcha, de circunstancias puramente accidentales.

El privilegio estaba amenazado y la amenaza podía ya considerarse como una sentencia de muerte dictada por el proletariado, a causa de haberle considerado reo de todos los crímenes, verdugo de todas

I

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las víctimas, causante de todas las penas y que a la postre, confutlde en la misma desesperación a los que protege y a los que persigue

He aquí el valor racional e histórico de la sentencia fulminante contra el privilegio:

Segundo tomo

I.-Considerando que las minas, cuencas hulleras y ferrocarriles, son grandeS instrumentos de trabajo fijos en el suelo, que ocupan una vasta extensión de la tierra, cuyo dominio ha sido dado gratuitarnente a la humanidad por la naturaleza; que estos instrumentos de trabajo exigen necesariamente la aplicación de las máquinas y la fuerza colectiva que existen hoy en beneficio exclusivo de los capitalistas deben en lo porvenir aprovechar únicamente al trabajador, y que para conseguirlo es necesario que el trabajo se efectúe por grupos redimidos del salario, el Congreso acuerda:

Las canteras, las minas de toda especie y los ferrocarriles, en una socie normal, pasarán a la colectividad social.

II.-Considerando que las necesidades de la producción exigen la introdUC ción de máquinas y la organización de la fuerza colectiva en la agricultura; que el trabajo agrícola y la propiedad del suelo se hallan en idéntico caso que el trabajo minero y la propiedad del subsuelo; que la tierra es la materia prim ) de todos los productos, el manantial primitivo de todas las riquezas, y no es nunca resultado del trabajo de ningún particular, que la posesión individua de esta materia primera somete a ]a sociedad entera a la tiranía de los propi

tarios, el Congreso declara:

La tierra laborable debe ser propiedad colectiva, que será concedida en llsufructo a las sociedades agrícolas mediante contratos análogos a los pactados Para la concesión de minas y ferrocarriles.

III y IV.-Los bosques, caminos, canales, carreteras y líneas telegráficas por razón de justicia, de higiene y de economía, serán propiedad colectiva de la sociedad.

(Congreso III de la Internacional. Bruselas, 1868) 82.

I.-Considerando que el derecho de herencia que es un elemento eseneial de la propiedad individual, ha contribuido poderosamente a alinear la propiedad territorial y la riqueza social en provecho de unos pocos y en detrimento del mayor número y que en consecuencia es uno de los mayores obstáculos Para la entrada de ia tierra en la propiedad colectiva; que el derecho de herencia por restringida que sea su acción, impide absolutamente a la sociedad adquirir los medios para su desenvolvimiento moral y material, y constituye un privi

gio que redunda en perjuicio constante del derecho social; que la propiedad colectiva es incompatible con la existencia de tal privilegio, el Congreso reCO noce que el derecho de herencia debe ser completa y radicalmente abolido, y quc esta abolición es una de las condiciones indispensables a la libertad del trabaio.

Lo que quiere decir que si como entidad organizada el proleta riado no habia obtenido aún grandes ventajas en concepto de la resistencia, habfa alcanzado lo más difícil e importante; la determinación de un pensamiento, de un obietivo. que le servía de orientación v de

11. Crisis de la Federación Regional Española de La Internacional 441

ideal, y era a la vez solución al problema social planteado por la civilización moderna.

He llegado en mi relato a un punto que representó para mí una tregua, un descanso que me proporcionó la injusticia de mis compañeros.

Reposo aqut preparando mis materiales para un tercer volumen que empezará con el manifiesto de febrero del 86, que expondrá el brillante período de propaganda en que vivió El Productor y Acracia, tras el cual sobrevinieron los atentados terroristas y la persecución arbitraria y cruel con que se pretendió anegar en sangre y lágrimas lo que no pudo combatirse con la razón ni siquiera con la justicia legal.

También ahora, como al terminar mi primer volumen, me asalta la duda: no sé si podré terminar mi empeño, porque las circunstancias me son notablemente adversas. Lo que puedo afirmar es que con voluntad decidida de llegar hasta donde pueda y sin soltar la pluma, dejo esta cuartilla y tomo otra, sobre la que escribo el número 1, y en ella empiezo el tercer volumen de El Proletariado Militante.

Una esperanza me anima, y la consigno para que anime y estimule al lector proletario; terminé mi primer volumen lamentando que no hubiera penetrado en la mente de los trabajadores un pensamiento de Farga Pellicer acerca de su acción emancipadora. Hoy puedo asegurar que la idea predominante de La Internacional es la determinante de la política de todos los gobiernos en todas las naciones, la generalidad para perseguirla, pero ninguno para favorecerla. He aquí lo que dice Lloyd George, presidente del ministerio inglés, en reciente

doelimen to

La independencia económica es la esencia de la independencia política. Estamos empeñados en asegurar la independencia económica de los trabajadores de Inglaterra; pero no lo conseguiremos mientras subsista el feudalismo. Tenemos en nuestro país 2.500 terratenientes que son los amos de los dos tercios del territorio- peor aún, puesto que en virtud de esa apropiación poseen y ejercitan pleno gobierno, dominio y poder sobre las vidas de millones de hombres, mujeres y niños.

FIN