LA GUERRA CIVIL Y LA REVOLUCION

~EI 19 de julio de 1936, como es sabido, la reacción española, con el ~rcito como fuerza principal de choque, se lanzó al ataque en las ~ncipales ciudades, secundando el movimiento iniciado en Marruecos l par de días antes. Se evidenciaba así, trágicamenle, toda la incapa~d de los gobernantes republicanos, todc el fracaso del Frente Po~ar--defendidG por los comunistas--que no había hecho otra cosa frenar las reivindicaciones económicas y políticas de la clase tra~adora al mismo tiempo que permitía la conspiración permanente de '~ derechas y, en fin, toda la miopía de la tendencia largocaballerista había jugado inconscientemente la carta del fiasco republicano sin ~ver un golpe de Estado militar. No habían faltado las advertencias ~as denuncias públicas, pero no existía en el seno d41 Gobierno un ~ ministro capaz de obrar con energía y tomar las medidas necesaI~ para impedir la sublevación. Se alimentaban todos ellos de mera ,l~rica, comenzando por Azaña, presidente de la República. Temían Iro está, un golpe militar, pero tenían más miedo a una revolución ~alista, considerando en su ceguera que el golpe militar sería una ,~ada más como la del general Primo de Rivera en 1923, es decir imple prónunciamiento. La historia no les había enseñado gran cosa ~a mayor parte de las organizaciones, incluidas las obreras, no fue', capaces de comprender algo de veras evidente: que el fenómeno f tuvo lugar en España durante los meses que siguieron a las elec~es de febrero, consistió en un ascenso paralelo de las dos fuerzas ~gónicas que se disputaban la hegemonía y que inexorablemente tan que chocar. No se trataba, pues, de una clase que se fortalecía ,~ntras la otra se debilitaba, como sucedió en otras revoluciones y en ,l~s países, sino de dos clases opuesta~ que se sentían mutuamente E fuerzas para dar la batalla final y dirimir definitivamente la supre~fa. Ahora bien, fueron las fuerzas contrarrevolucionarias las que~ Itlero se lanzaron al ataque. Si bien es cierto que los trabajadores pondieron adecuadamente, pasando en algunos lugares de la defena la ofensiva, no obstante es preciso tener en cuenta ese hecho ca~1 de que es la reacción la qu4 se decide a atacar. Por eso, cuando produce el choque del 19 de julio, los trabajadores se encontraron ~de el primer instante ante dificultades inmensas, sobre todo frente Ejército cuyos mandos habían preparado la sublevavión minucio~ente. Y sin embargo, el deslumbramiento provocado por aquellas jornadas cegó todo espíritu crítico. Casi todo el mundo vio confirmado el optimismo de los que, tras el movimiento huelguístico de junio en Francia, creían en un irresistible flujo revolucionario, siendo así que tales acontecimientos, producidos a contrapelo de la marcha de la historia, ocultaban un verdadero reflujo, ya que el fascismo y la reacción se extendían por gran parte de Europa.

EL DERRUMBAMIENTO DEL EST/~DO Y L TRASCENDENCI DE L REvoLuclffN

La sublevación militar en Marruecos, así como su extensión a toda España, sorprendió a cuantos gravitaban en torno a las instituciones republicanas y a bastantes dirigentes obreros. El Gobierno se apresurc a dimitir, fracasó un intento de ponerse de acuerdo con los sublevados, el Estado se derrumbó como un castillo de naipes al menor soplo y la República quedó a la intemperie, sin protección alguna. A partir de aquel momento no hubo más poder en media España que el E)ercito rebelde, mientras en la otra media el poder pasó a la calle. En esta última, allí donde la sublevación militar fracasó, desapareció por completo el Ejército la policía, la burocracia, todo cuanto había servido de base al Estadó. Las organizaciones obreras, por su parte! tampoco habían previsto algo capaz de llenar ese vacío que se produ)o por la fuerza de los acontecimientos. Hubo que haber vivido aquellos días para comprender el verdadero sentido de la libertad, que se aspiró a plenos

_pulmones. En fin hubo que improvisar todo y todo se improviso, bien o mal, con frecuéncia más bien que mal. Hasta cabe afirmar que las cosas fueron mejor cuando imperó la improvisación revolucionaria que cuando más tarde se reconstituyeron las instituciones y demas organos estatales.

La sublevación militar, cuyo objetivo primero era acabar con el movimiento revolucionario, produjo en los lugares donde no triunfo el efecto contrario: abrió la caja de Pandora y la revolución se extendió impetuosamente. Ahora bien, hay que advertir que cuando se habla de revolución española se generaliza más de la cuenta. La revolución se produjo principalmente en Cataluña y Asturias, por lo que a las zonas industriales se refiere, extendiéndose también a las regiones agrarias de Aragón y Levante; Madrid, caso particular por ser una ciudad sitiada a las pocas semanas, conoció una situación algo diferente, y el pa~s vasco, donde dominaban los nacionalistas, partido burgués, no conocio la menor transformación revolucionaría. Referirse, pues, a la revolucion española de julio es tomar como escenario principal el ofrecido por Ca taluña y Asturias, dos regiones además donde la nula o escasa fuerz~ comunista no podía frenar los impulsos revolucionarios, como trataron de hacer desde el primer día en la zona republicana. En efecto, qui sieron aplicar de nuevo una política de Frente Popular, para así des virtuar el carácter de la revolución y apaciguar la inquietud de las ~ mocracias occidentales, cuya amistad interesaba a Stalin. Ahora bien, puede afirmarse que la revolución española, aunque limitada geogra

camente, resultó la más honda y rápida de cuantos ejemplos ofrece l~ historia.

~ Tenía, por tanto, razón Nin cuando afirmó, en un discurso pronun-

Dclado en Valencla a comlenzos de agosto, que se trataba de <<una revo,~ucion proletaria más profunda que la propia revolución rusa,- . Esto rllismo lo reconoclo en parte Trotsky meses después, al escribir- <<El proletariado ha dado muestras de cualidades combativas de primera ~magnitud. Desde el primer día de la revolución, gracias a su pesG especi iCO en la economia del país, a su nivel político y cultural, ha esta~do, no por debaJo, sino por encima del proletariado ruso de principios Ide 19711~ . El proletariado impuso sus milicias, su policía, su justicia ~al mlsmo tiempo que reorganizó la economía gracias a los sindicatos~los campesinos, por su parte, se apoderaron de la tierra y establecieron Isus colectividades. En parte alguna se transformó el orden social tan Iradicalmente y en forma tan rápida. Esta fue la fuerza de los trabajadores espanoles, mas asimismo su debilidad, puesto que tu- o que hacer inmediatamente frente a la hostilidad interior y exterior: a los e)ercitos franquistas, a las potencias capitalistas, a la Unión Soviética a los stalinistas, a cuantos en la zona republicana querían limitarse a la defensa de la democracia. Fue, en cierto modo, una revolución sitiada desde el primer día.

Tenía quc serlo, puesto que la revolución no se detuvo ante nada ni ante nadie. No sólo fueron los capitalistas los expropiados sino igualmente la pequeña burguesía, es decir, los artesanos y peqúeños fabrilicantes, los comerciantes y negociantes. Un autor que estudió con atenlcion este primer período de la revolución española escribió: <<En aque- ~llas provincias donde la revuelta había fracasado, los obreros de las ~dos federaciones sindicales, la socialista UGT y la anarcosindicalista CNT, se incautaron de la mayor parte de la economía. Las propiedades ~grícolas fueron expropiadas; algunas se colectivizaron y otras quedaFon divididas entre los campesinos. Los archivos notariales y los regis~ros de la propiedad fueron quemados ~...]. Los ferrocarriles tranvías r autobuses, los taxis y las embarcaciones, las compañías de lúz y fuer~a electricas, las fábricas de gas y servicios de agua, las fábricas de mapuinaria y automóviles, las minas y fábricas de cemento, las industrias Fxtiles y del papel, las industrias eléctricas y químicas, las fábricas de ~otellas de cristal y las perfumerías, las plantas alimenticias y las cer~ecerías, así como una multitud de otras empresas, fueron incautadas controladas por comités de obreros [...1. Los cines y teatros, los peódicos e imprentas, los almacenes y hoteles, restaurantes y bares, fue~n asimismo incautados o controlados...>>l73.

Los cambios económicos en la ciudad y en el campo no se limitaron ~la capa privilegiada de la sociedad. Con el hundimiento del Estado caFron también por tierra todas las barreras, por lo que los trabajadoEs no se quedaron a medio camino y transformaron la economía por umpleto. Nin, en otro de SIIS discursos, pronunciado en Barcelona el 6 ~ septiembre, dijo: <<Es una lucha dura, difícil, la que tenemos ante potros, compañeros, pero tenemos ya mucho ganado. La clase traba!dora de Cataluna, los obreros de España han demostrado en estas ,~antas semanas de lucha su espíritu de sácrificio y su capacidad de organización. [[questiondown]]Pensáis que representa poca cosa, en el término de pocas semanas, destruir todo un ejército, destruir su engranaje, destruir su disciplina y constituir un ejército nuevo? [[questiondown]]Os parece poco esfuerzo, compañeros, ~ue a pesar del desorden e~onómico, la clase trabaJadora haya triunfado en la empresa de que funcionen todos los servlclos publicos y la vida se desarrolle con la normalidad que todos veis? Yo os digo que el espectáculo que ofrece hoy la clase trabajadora de nuestro país hace concebir las más grandes esperanzasn 17~. Sí, pero cabía añadir que al cabo de cuentas la clase trabajadora dependía de lo que hicieran sus organizaciones.

LA IMPORTANCIA DEL PAPEL DE LA CNT

Las masas anarcosindicalistas, fieles a su tradición revolucionaria, lucharon denodada y heroicamente para impedir el triunfo de la sublevación militar. No se trataba para ellas de defender un Frente Popular que habían premeditadamente ignorado, ni una República que les había perseguido hasta el mismo 19 de julio, sino más bien y ante todo de oponerse al enemigo más inmediato, el más peligroso, mostrando de esta manera un claro instinto de clase. Su actuación fue decisiva, sobre todo en Barcelona. Lograda esta primera y capital victoria, se apresularon a formar milicias armadas para enviarlas a los nacientes frentes de guerra, al mismo tiempo que en la retaguardia imponían el orden revolucionario y sus sindicatos organizaban sin perder tiempo la producción. En estos dos importantes sectores--el de la econom~a y el de la guerra--los militantes anarcosindicalistas, sin aguardar órdenes o indicaciones superiores improvisaron con excelentes resultados; el espíritu de iniciativa logró en ciertos aspectos verdaderos milagros. Por desgracia, en el aspecto político, también de fundamental importancia, sus dirigentes máximos no supieron qué hacer y naufragaron lamentablemente.

Un buen conocedor del anarcosindicalismo lo explica bien en las líneas siguientes: <<En Cataluña, sobre todo, ya no hay necesidad de derrocar el Estado: se había hundido. Y no obstante, los militantes más destacados del movimiento anarquista son presa del pánico. No es que tengan miedo de los golpes o del combate, puesto que han demostrado que sabían batirse y aceptar la muerte; ni que les angustiaran los problemas más urgentes, ya que las organizaciones obreras y campesinas aseguraban la continuidad de la vida comunitaria y la mejoraban. Son las dimensiones del vacío que tienen que llenar, la naturaleza de los asuntos internacionales, lo desconocido de la guerra moderna, lo que les produce súbitamente un sentimiento de inferioridad. Se sienten sin disposición alguna para las tareas que clásicamente dependen del Estado: la hacienda nacional, la di~i~al el comercio exterior, la dirección de la guerra>> 175. Un anarquista espanol resume po~ su parte la ~situación creada entonces, haciendo hincapié en la particularidad e

~que se h?lló el anarcosindicalismo: <<Finalizaba el 20 de julio una de las ~fases mas decisivas de la contienda; desarticulado el gcbierno central ~y el de la Generalldad; dueño el pueblo de los destinos de la nación

,~de sus propios destinos; reveladas la CNT y la FAI como fuerza pre~dommante, surge la necesidad de articular el orden revolucionario. El ~movimiento anarquista, dueno absoluto de la situación, se ve frente a uno de los dilemas más trascendentales>> 176

En efecto, el anarcosindicalismo se vio obligado a pasar de la mera`~ especulación idealista a la concreción pura y simple de los hechos. Ya no se trataba de prop?gar las bondades del comunismo libertario, sino

de dar una orientacion precisa al triunfo revolucionario. Por vez primera en la historia, el anarquismo se encontraba dueño de la situación en una reg~on eminentemente industrial. Dos caminos se le ofrecía y sólo dos: ser consecuente con su pasado ideológico y liquidar definitivamente todo poder estatal o bien apoderarse del mismo--solo o con otras fuerzas obreras--para emplearlo como instrumento de lucha. S;n embargo, paradójicamente, encontró un tercer camino, el más inesperadG y el peor de todos: permitir que subsistiera el poder estatal facilitar su reconstrucción y dejar que se apoderaran de él otras fúerzas contrarias precisamente a la revolución. El anarquismo español se ha1lo de esta manera cogido en el engranaje del Estado ya reconstruido y lo que aconteció más tarde, es decir, la liquidación continua de todas las conquistas revolucionarias, resultaba poco menos que fatal Porque una cosa era evidente: el destino de la revolución española dependía de la politica que adoptara la CNT y la FAI.

Años rnás tarde, llegado el momento de la explicación, el escritor anarquista Santillán, que desempeñó un importante papel en la orientación del anarquismo durante la revolución española escribió: <<Podiamos ser únicos, imponer nuestra voluntad absoluta declarar caduca la Generalidad e instituir en su lugar el verdadero poder del pueblopero nosotros no creíamos en la dictadura cuando se ejercía contra nosotros y no la deseábamos cuando la podíamos ejercer nosotros en daño de los demás>> 177. Para García Oliver, otro de los dirigentes anarquistas, la alternativa quedaba planteada en los términos siguientes: <<O el comunismo libertario, que es igual a la dictalura anarquista, o la democracia, que significa la colaboración.>> Y, por si fuera poco aún puntualizo rnas: <<La CNT y la FAI se decidieron por la colaboración v la democracia, renunciando al tctalitarismo revolucionario que había de conducir al estrangulamiento de la revolución por la dictadura confederal y anarquista. Fiaban en la palabra y la persona s~e un demóraGaenceartaalliádn3 Im78antenían y sostenían a Companys en la presidencia de

Hablando en plata: los anarquistas habían tenido en sus manos el destino de la revolución y lo dejaron escapar. [[exclamdown]]Qué lejos quedaban aquellos levantamientos armados de los años 1932 y 1933 para imponer el comunismo libertario! Como la sociedad, al igual que la naturaleza, no soporta el vacío, a falta de un poder político revolucionario se recons. tituyó el antiguo poder burgués. Y los dirigentes anarquis:as, que no aceptaron un poder revolucionario porque significaba <<dictadura>>, dieron su visto bueno a un poder burgués que quería decir... <<democra. cia>> Así se arrojó por la borda muchísimos años de intransigente apoliticismo. Mercier, ya citado, comenta acertadamente: <<La aceptación por parte de los anarquistas de la reconstitución de un gobierno oficial republicano, con el pretexto de que éste no jugaría más que un papel de mera fachada, siendo así que el movimiento sindical detentaría la fuerza efectiva, constituye el primer paso hacia una especie de capitulación. El Estado oficial se desarrolla rápidamente, merced a la movi Iización de todos los elementos contrarrevolucionarios o no revolucionarios. Su débil peso inicial será rápidamente lastrado mediante la intervención soviética y las intrigas de las potencias llamadas democráticas>> 1~9.

SOCIALISTAS Y COMUNISTAS

El Partido Socialista se hallaba profundamente dividido cuando se produjo la sublevación militar. La tendencia representada por Indalecio Prieto se había esforzado en las semanas anteriores, conocedora de lo que se tramaba en el Ejército, en obtener la formación de un Gobierno republicano- socialista que fuese capaz de hacer frente a los acontecimientos que se avecinaban. El propósito no prosperó a causa de la irreductible negativa de Largo Caballero, adversario de colaborar de nuevo con los republicanos. No puede sorprender, pues, que la actitud de ambos dirigentes socialistas discrepara también ante la posición que cabía adoptar una vez declarada la guerra civil. Para Prieto tratábase de defender la República y sólo la República, coincidiendo así con los comunistas- Largo Caballero, en cambio, proseguía empleando el mismo lenguaje revolucionario de antaño y afirmando que era preciso llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias, única manera de ganar asimismo la guerra. Sin embargo, hay que señalar que su actitud resultaba en general pasiva, puesto que nada hacía por plasmar en la realidad sus palabras.

El diario Claridad, de Madrid, era donde se expresaba más clara mente el pensamiento político de los largocaballeristas, partidarioS como su jefe político de la revolución socialista. Así, el 1 de agosto, es decir, a los pocos días de producirse la rebelión militar, afirmó dicho periódico: <<Estamos, por obra de la intentona militar, en un profundo proceso revolucionario... Es preciso que todos los instrumentos del Es tado, y especialmente el Ejército sean también revolucionarios.>> Y el 22 del mismo mes puntualizó aün más su posición: <<La revolución es el aniquilamiento económico del fascismo el primer paso, por tanto para aniquilarle también militarmente. El pueblo no lucha ya por l~ España del 16 de julio, que era todavía una España dominada social mente por las castas tradicionales, sino por una España en que estaS castas sean raídas definitivamente.>> Pero casi al mismo tiempo, Largo ~aballero comenzó a atenuar sus declaraciones revolucionarias y a reprirse a la defensa de la democracia. A decir verdad, ya se preparaba reemplazar al republicano Giral a la cabeza del Gobierno.

Y así sucedió: el 5 de septiembre se formó un nuevo Gobierno prei~dido For Largo Caballero, del que formaban parte seis socialistas, dos l~lomumstas y cuatro republicanos de izquierda. Era el Gobierno tipo de Prente Popular, que los comunistas habían preconizado después de las ~ ecciones de febrero y que Largo Caballero rechazó siempre. Un anar,quista analizó más tarde con indudable visión política este acontecipniento: <<Lo importante es hallar algo que permita reconstruir el apato del Estado, poner las riendas en manos de un Gobierno, de cualquier Gobierno, que cumpla los fines de desarmar al pueblo y reducirle la obediencia. En suma, que ponga la camisa de fuerza a la revolu~}ón. Para ello, Largo Caballero es el hombre- providencia. [...] La po~ición extremista de Largo Caballero en el seno de su partido, su prestigio personal ante las masas ugetistas, la consideración de que es obeto en ios medios confederales y anarquistas, le destacan como hom~4re de la situación. [.._ ] Y el 'Lenin español' servirá de puente para la ,~tapa más trágica de la revolución españolaa 180. y sin embargo, los ~anarquiStas entraron en ese mismo Gobierno dos meses después, con ~uatro ministros. Las concesiones iniciadas en Barcelona el 19 de julio ~e proseguían, con su lógica inexorable, sin contrapartida alguna.

Los comunistas, por su parte, no cambiaron su línea política consis~ente en presentar el Frente Popular como organismo dirigente de la ~epública, que cabía defender por encima de todo. En la noche del 18 19 de julio, Dolores Ibárruri declaró en nombre del Partido Comunisdesde Unión Radio de Madrid: <<Trabajadores, antifascistas, pueblo ~borioso: Todos en pie, dispuestos a defender la República [__.]. El ~artido Comunista os llama a ocupar un puesto en el combate para plplastar definitivamente a los enemigos de la República y de las liber~tades populares. [[exclamdown]]Viva el Frente Popular! [[exclamdown]]Viva la unión de todos los ~ntifascistas! [[exclamdown]]Viva la República del Pueblo!>>lßl. De todas formas, los pmunlstas tuvieron que asistir impotentes a la riada revolucionaria de ~s primeros días, durante la cual los trabajadores prescindieron de . rrente Popular y de República. Ellos mismos lo reconocieron: <<En su ~rranque, fue un movimiento en el que se entremezclaron aspectos de ~spontaneidad y de organización. La espontaneidad se manifestaba en ~ue las masas populares se lanzaban a la lucha por impulso propio, y ~uchas veces sin esperar los llamamientos o directivas de las organi,u~ciones obreras y democráticas existentes>> Iß2.

Consecuente con su política de defensa de la democracia burguesa, ~ue respondía a la nueva posición de la Internacional Comunista y a DS intereses de la Unión Soviética, el Partido Comunista sostuvo al Goierno Giral, que en aquellas primeras semanas de la guerra civil no presentaba nada. En réalidad este Gobierno se limitó--[[questiondown]]qué otra cosa día hacer.~--a registrar sobre el papel lo que se hacía en la calle.

No obstante, aún treinta años después los comunistas cantaron las excelencias del mismo: <<El mérito histórico del Gobierno Giral es que supo aceptar y tomar acto de las nuevas realidades político- sociale que estaban surgiendo en Fspaña. Pese a que en el Gobierno no figura_ ba ni un solo representante de la clase obrera, éste adoptó una serie de rnedidas jurídicas que legalizaban situaciones, de hecho creadas por las masas___>> 183. y es que ese Gobierno servía la ficción propagada por la Internacional y por el Partido Comunista de que se trataba de una lu cha entre el fascismo y la democracia. Si rr,ás tarde, el 5 de septiembre aceptaron la creación del nuevo Gobierno Largo Caballero fue porqu~ no tenían más remedio, pero lo hicieron a regañadientes. No en vano escribieron: <<La crítica sistemática y negativa de Largo Caballero con. tra el Gobierno Giral y los partidos republicanos entorpecía la tarea urgentísima de crear una dirección única y responsable de la guerra; debilitaba la unidad de las fuerzas antifascistas y alentaba los planes aventureros de los anarquistas, encaminados a liquidar la República v el Frente Popular>> 184.

Y con todo, merced a ese Gobierno Largo Caballero los comunistas pudieron ir ganando sólidas posiciones y extender su influencia, decisivamente ayudados, desde luego, por la intervención soviética, que hizo de ellos sus principales agentes y sus únicos beneficiarios. Porque debe tenerse en cuenta que fue dicho Gobierno el que inició la reconstrucción del Estado republicano, la militarización de las milicias, la reorganización de la policía y el establecimiento de una nueva burocracia estatal, todo ello en detrimento de la revolución Los comunistas, que comprendieron inmediatamente las posibilidades que se les ofrecía, abandonaron sus reservas hacia Largo Caballero y se convirtieron en su más ardorosos defensores, en la medida en que éste les permitía ampliar su influencia en los distintos estamentos gubernamentales y sobre todo en el nuevo Ejército republicano Meses más tarde, cuando Largo Caballero se dio cuenta de la trampa en que había caído y trató de ponerles un freno, los comunistas provocaron su dimisión y reemplazamiento por un hombre que les era más dócil: el doctor Negrín. Con éste se convirtieron en los dueños de la situación, hasta que los reveses de la guerra y el postrer golpe del coronel Casado puso punto final a su hegemonía.

EL POUM [[questiondown]] 7 C~r

Todas las organizaciones temían, en aquellos primeros días de julio de 1936, una sublevación militar. El POUM había denunciado públicamente esta posibilidad. También había insistido en que sería el año de la revolución o de la contrarrevolución, del socialismo o del fascismo. Y sin embargo, cuando la rebelión militar se produce, se diría que Es paña entera no pudo retener su estupor. Algo así como si una cosa fueran las prediciones políticas y otra muy diferente la realidad brutal de los hechos. Pero mayor asombro provocó, si cabe, la inmediata reac- il~n de las masas obreras, que no se limitaron--allí donde pudieron-- l~plastar la sublevación, sino que desencadenan el proceso revolucio~rio más hondo que conoce la historia: la transformación de todo Itorden político y económico. Nos referimos a las masas obreras porll~e aparecieron desde el primer día como infinitamente más audaces y ~nzadas que sus organizaciones. En efecto, puede afirmarse que en buellas fechas ningún partido ni central sindical estuvo a la verdadera iura de las circunstancias. Las organizaciones, quizá víctimas de la ~nubilación del levantamiento militar, victorioso en algunas provin~s y capitales, no comprendieron el alcance real de los aconteciJlientos.

[[questiondown]]Cuál fue la actitud del POUM entonces? Digamos que tampoco es~pó a la miopía mostrada por las demás organizaciones. La prueba la l~emos en las reivindicaciones que su Comité ejecutivo lanzó el 24 de ~io I) Semana de trabajo de treinta y seis horas; 2) aumento del

por 100 de todos los salarios inferiores a 500 pesetas mensuales; 1~ reducción del 25 por 100 de los alquileres; 4) pago de los jornales de il~ días de huelga; S) subsidio a los obreros en paro forzoso; 6) control 'lle la producción mediante comités de fábrica, de taller y de mina; ~ reparto de las tierras de los grandes propietarios entre los campesiriOS pobres; 8) revisión del Estatuto de Cataluña en sentido progrellivo~ 9) depuración de ios cuerpos armados y elección de sus jefes ilor los soldados y guardias; 10) mantenimiento de las milicias armaas- ll) consejo sumarísimo contra los jefes de la insurrección fas,ista 185. Algunos de estos puntos correspondían a la nueva situación, en Special los últimos, pero en general no reflejaban los cambios que esaban en trance de realizarse, tanto en el terreno político como en el ~onómico, sobre todo en el económico. No es casual que pocos días lespués, comprendiendo al fin el verdadero sentido de los acontecimienbs, el POUM se mostrara partidario de un poder obrero capaz de lle,rar adelante la revolución socialista y de vencer la sublevación militar, Lu~ñalando que la guerra y la revolución eran inseparables.

~' Ahora bien, el POUM llevaba diez meses escasos de existencia cuanlo se produjo el 19 de julio. Demasiado joven, no tuvo tiempo para des~rrollarse convenientemente y por ende para hacer frente a la situación iiCon posibilidad de dirigirla u orientarla. Además, tampoco se conside~raba como el gran partido obrero que necesitaban los trabaJadores esI lañoles, sino más bien como un primer intento en el camino de la uni3 icación de las fuerzas marxistas revolucionarias, lo cual no dejó de epetir en su prensa. El 19 de julio pues, llegó demasiado pronto y co~Bió al POUM sin estar organizado debidamente. Algo semejante le ocu,~rió a la Liga de Espartaco en Alemania, cuando la revolución de 1918: ~ilos espartaquistas eran todavía demasiado débiles para tomar ellos ~nismos la dirección>> 156. En camlsio, recordemos a los aficionados a los ~ejemplos históricos que los bolcheviques tenían tras de sí, al producir~e la revolución de 1917, más de una docena de años de organización.

L Ir~i Avan~ --órgano del POUM en catalán--, 24 de julio de 1936_ No deja de sorpren~;der que los trotskistas, siempre lanza en ristre para arremeter contra todo lo dlvmo ~,Y humano, haya pasado por alto este plan de reivindicaclones. [[questiondown]]No será que la revoucidn también les sorprendió?

Es lógico, por tanto, que esa juventud o debilidad contara en la correlación de fuerzas, en la que el POUM apareció como una pequeña . minoría, sobre todo con respecto a los anarcosindicalistas.

Claudín, en su mencionada obra dice: aPara el POUM estaba claro el carácter socialista de la revoluciön española y propugnaba la instauración de un poder proletario. Pero sus fuerzas eran muy limitadas. Confinado prácticamente a Cataluña, allí tropezaba con la influencia aplastante del anarcosindicalismo en los principales núcleos proletarios. Y al mismo tiempo le acosaba la hostilidad implacable del Partido Comunista ~ 7. Así era. Pero si el POUM consideró desde el principio que el porvenir de la revolución dependía en gran parte de la actitud que adoptaran la CNT y la FAI, no fue por puro *seguidismo>>, ni por complejo de inferioridad, ni menos aún por buscar un amparo ante los ataques stalinistas- el motivo no fue otro que tener plena conciencia de que el anarcosindicalismo contaba con los militantes más abnegados y combativos de la clase trabajadora española. Prescindir de ellos y cGmbatirlos en nombre de diferencias ideológicas resultaba profundamente erróneo. Sin embargo, esta convicción no fue óbice para que el POUM señalara a su debido tiem~o, lo que consideraba equivocado y peligroso en la conducta de la CNT- FAI, pero expresado en el tono debido a compañeros y no con los ex abruptos a los que se inclinaba con facilidad Trotsky, por ejemplo.

No cabía entonces otra política, dígase lo que se quiera. Tratar de establecer una diferencia entre dirigentes y dirigidos, y querer luego enfrentar a éstos con aquéllos, era caer en la aberración del llamado <<frente único por la base~, política llevada a cabo con catastróficos resultados por la Internacional Comunista durante los años comprendidos entre 1928 y 1933. Y en las condiciones particulares imperantes en España en 193~1937 hubiera supuesto, además, el aislamiento total del POUM y facilitado la acción represiva llevada contra él por los stalinistas. Había, pues, que hacer una política que contara con el anarcosindicalismo y tratar de impedir que en su torpeza política hiciera el juego a los sectores que se proponían limitar la accion d~los trabajadores a la defensa de la democracia. El que esto no se haya conseguido, [[questiondown]]significa acaso que la táctica era errónea? Sólo los vulgares pragmáticos, para los cuales únicamente cuentan los efectos prácticos, pueden afirmar que el POUM se equivocó de cabo a rabo.

Este fue al igual que el conjunto de la clase trabajadora española, víctima de ios errores capitales en que incurrieron tanto la CNT como la FAI, puesto que el gran peso de esas dos organizaciones, sobre todo de la primera, tenía ineluctablemente que determinar, en uno u otro sentido, los destinos de la revolución. Esos errores fueron cuatro, principalmente: a]) SU aceptación de la disolución del Comité de Milicias en Cataluña, que supuso la reaparición como mayoría de los partidos pequeñoburgueses republicanos [...] 2) el reconocimiento de la insignificante fuerza sindical influida en ia región catalana por los stalinistas, en lugar de establecer el pacto de unidad sindical con la FOUS, organización sindical afecta al POUM, mucho más importante y de mayor raigambre entre la clase trabajadora catalana; 3) haber cedido a la presión de los stalinistas para que el POUM fuera eliminado del gobierno de la Generalidad lo que desde el punto de vista tactico incluso privaba a la CNT- FAI del sector más afín a ella en muchas cuestiones; 111) haber entregado desarmados y sin garantía a los trabajadores de ~arcelona después de las jornadas de mayo de 1937, precisamente cuan14O éstos habían demostrado su fuerza y la debilidad del poder contrarrevolucionario de la Gcneralidad,, 188

~ Unicamente los aficionados a ver los toros desde la barrera, sin jal~nás descender al ruedo, pueden argüir que el POUM fue presa del faiSalismo y se limitó a seguir a la CNT- FAI como si fuera su sombra. ~s indudable que existió una especie de ineluctabilidad que hizo que ~dicho partido, aun previendo las nefastas consecuencias de ciertas decisiones. no tuviera más remedio que aceptar los hechos consumados ~y sumarse a ellos aunque los reprobara. No sólo trataba de impedir F. males mayores, sino asimismo y sobre todo de no enfrentarse inútilFmente a las masas trabajadoras, para las cuales, en última instancia, un hecho contaba más que todas las consideraciones políticas: la guerra, es decir, la lucha contra las tropas del Ejército enemigo. Se ha ol~ vidado por algunos una circunstancia particular: se vivía la guerra y 3 para la mayoría lo capital era ganarla. Afirmar, como más de una vez escribió Trotsky, que desde el momento en que los obreros y campesinos no eran dueños absolutos de su destino igual les daba Franco que Largo Caballero, resulta una aberración fruto sin duda del más puro y estéril esquematismo.

No, durante la guerra jamás el trabajador español situó en un mis~mo plano a Largo Caballero y a Franco, ni siquiera a Negrín y a Franco. $Es más, la lucha contra éste impidió a la mayoría--incluso a bastantes lirigentes anarquistas-- calibrar la política nefasta de aquéllos. Por ~so la posición del POUM resultaba dificilísima. Un joven historiador :atalán refiriéndose a la entrada del mismo en el Consejo de la Genealidad comentó: <<... en el momento de constituirse éste, empezaba a omar cuerpo la consigna de unidad contra el enemigo común de unilad antifascista, que se mantendría como un mito durante todá la guera. Si el POUM hubiese quedado fuera de esta 'unidad', desenmasca~ndola en su verdadero carácter de clase, después que la CNT aceptó ormar parte de ella, este hecho hubiese podido ser fácilmente califi~do de contrarrevolucionario y podido separar al POUM de las masas ~breras catalanas>> IB9. Por otra parte, la disolución del Consejo de Mi~ias y de los diferentes Comités locales--verdaderos órganos de po~r--, como consecuencia de la decisión de la CNT- FAI de entrar en I Consejo de la Generalidad, se hubieran llevado a cabo tanto con I POUM como sin el POUM. Este se encontró solo, tanto cuando for~ó parte de la Generalidad como cuando fue excluido de la misma por resión de los stalinistas y ante la indiferencia de los anarquistas. Es~s, al igual que los socialistas, había llegado a la conclusión de que S armas rusas tenían más valor que la solidaridad de clase '90.

Solo se halló igualmente cuando denunció los procesos de Moscú de 193~1938, cuando en nombre de la solidaridad obrera pidió el derecho de asilo en Cataluña para Trotsky, cuando condenó la política de no intervención en España practicada por la URSS durante los dos primeros meses, cuando estigmatizó sin equívocos la intervención soviética en nuestro país, etc. El POUM se enfrentó entonces al stalinismo en las peores condiciones posibles, puesto que la Uni6n Soviética aparecía como el único país que ayudaba al pueblo español en su lucha contra las tropas franquistas, víctima asimismo del intervencionismo italiano y alemán; imperaba igualmente en Europa una extrema docilidad hacia Stalin, tanto en los medios intelectuales de izquierda como en amplios sectores socialistas. Sin embargo, su acción, que lo condenaba al holocausto sirvió para aue el stalinismo se descubriera y apareciese tal como éra en realidad: un partido que con la máscara del <<antifascismo>> y de la <<democracia>> trataba de imponerse por todos los medios a las otras organizaciones, para implantar su propia dictadura totalitaria. Este fue, al cabo de cuentas, el innegable gran mérito kistórico del POUM. Todo lo demás, incluidos sus errores tácticos, resulta de poca monta.

LAS CRfTIC s DE TROSTKY

Ante los acontecimientos iniciados en España el 19 de julio, Trotsky muestra una doble satisfacción: sus pronósticos, por lo visto, <<se han confirmado>> 191 y <<serán de una importancia histórica para el desarrollo de la IV Internacional tanto en Francia como en cualquier parte>> 192. [[questiondown]]Por qué en Francia? Pues porque Trotsky considera que <<las jornadas dc julio en España complementan y profundizan con extraordinaria fuerza las lecciones de junio en Francia>>. Y añade: <<Para los obreros franceses, ahora es evidente que el bloque con los radicales significa la preparacion ilegal del golpe de Estado militar por el Estado mayor francés, con la protección de Daladier, ministro de la Guerra>> 193. Es decir, los acontecimientos revolucionarios que tenían por escenario a España quedaban como relegados a un segundo plano, puesto que el interés de Trotsky continuaba fijo en Francia, donde había pronosticado la inminencia de una revolución socialista. Su clarividencia política, pues, no rayó entonces a gran altura; la revolución no se produjo en Francia--donde no podía producirse--, pero alcanzó en España una extensión y un calado extraordinarios. Por lo demás, tampoco la revolución española sirvió en lo más mínimo <<para el desarrollo de la IV Internacional>>, afirmación puramente subjetivista.

En su carta al Secretariado Internacional de la organización trotskista, fechada el 27 de julio, Trotsky continúa sin preocuparse gran cosa por la revolución que se lleva a cabo en España. Todo cuanto se le ocurre decir es lo siguiente: <<Se discierne hoy con mayor claridad

rís, 1972. En la págint 212 dice a este respecto: <<La CNT no tomó la defensa del POU~ por varias razones [ . . . ], los anarquistas no querían oponerse a los comumstas pnr temor a que la Unión Soviética suspendiera todo envío de armas...

~almente el crimen que han cometido a principio de año los dirigen~s del POUM, Maurín y Nin. Cualquier obrero que reflexione puede reguntarles y les preguntará: [[questiondown]]No habéis previsto nada? [[questiondown]]Cómo haf"is podido firmar el programa del Frente Popular y cómo nos habéis tcho dar nuestra confianza a Azaña y compañía, en lugar de impreg~rnos de la mayor desconfianza hacia la burguesía radical? Ahora te~mos que pagar con nuestra sangre vuestros errores. Los obreros deI~en experimentar una rabia particular contra Nin y sus amigos...>> ~

,~na vez más, Trotsky aparece situado a bastantes años de luz de la ealidad española. [[questiondown]]Vale la pena señalar que a nadie se le ocurrió ha,;~r tal reproche a <<Nin y sus amigos>>? Verdad es que los trabajadores it veían enfrentados a problemas más fundamentales y urgentes que ~Ddos esos tiquismiquis.

"e Unos días después escribe un artículo, <<Primeras lecciones de Espaa>>, en el cual patentiza unn vez más su deficiente información y su npenitente idealismo. Escribe: <<Es preciso proclamar que la tierra is talleres y las fábricas pasen desde ahora mismo de las manos de IS capitalistas a las del pueblo. Es necesario pasar, en los hechos, a la lealización de este programa [de la revolución socialista] en las zonas onde el poder se halla en manos de los obreros. El Ejército fascista ~o resistirá veinticuatro horas a la atracción de ese programa: los sol41ados entregarán a sus oficiales, atados de pies y manos, a los Estados mayores de las milicias más próximas>> I95. Señala igualmente que cabía ~romper, disolver, aplastar>> el conjunto del cuerpo de oficiales y <<retmplazar el Ejército por la milicia popular~. Ahora bien, cuando Trotslty escribió esas líneas el Ejército no existía en la zona revolucionaria pues las unidades que no se habían sublevado fueron disueltas; los ca-

~pitalistas y terratenientes, por su parte, habían desaparecido, estaban ~ncarcelados o fueron víctimas de los pelotones de ejecución. Trotsky aconsejaba abrir una puerta que ya estaba abierta de par en par.

El 16 de agosto envió una carta a su delegado en Barcelona, el franfés Jean Rous Igt;. Sorprende su lectura por la novedad del tono: <<Ustedes comprenderán muy bien que yo no puedo dar consejos desde ~quí; se trata ahora de la lucha directa armada, la situación cambia de dia en día, mis informaciones están al nivel de cero. Se habla de la ~esaparición de Maurín. [[questiondown]]Qué significa esio? Espero que no habrá sido isesinado. En cuanto a Nin, Andrade y otros, sería criminal dejarse levar ahora, en la gran batalla, por reminiscencias del período prece~ente. Si hay divergencias no deben en manera alguna impedir una proximación sincera y duradera. [...] La cuestión que me preocupa Dbre todo es la relativa a las relaciones entre el POUM y los sindicastas. Sería--a mi parecer--extraordinariamente peligroso dejarse di- rigir exctusivamente o incluso sobre todo por consideraciones de doctrina. Es preciso, cueste lo que cueste, aproximarse a los sindicalistas a pesar de sus prejuicios.>> Y termina con estas palabras significativas: <<Mis saludos más calurosos para todos los amigos, también y sobre todo para los que creen tener razones para estar descontentos de mí>> 197 [[questiondown]]Qué había sucedido? [[questiondown]]Qué significaba ese cambio súbito, merced al cual los <<traidores>> de ayer volvían a ser los <<amigos>> de hoy?

Simplemente que el POUM había reclamado públicamente el derecho de asilo en Cataluña para Trotsky. DEcha carta era respuesta a un telegrama que le había enviado Jean Rous, en el que éste le comunicaba--sin duda un poco apresuradamente--la posibilidad de obtenerle un visado. Trotsky que entonces se encontraba en Noruega aislado y reducido casi al siiencio, vio el cielo abierto: <<Nosotros estamos [...] completamente dispuestos a ir inmediatamente a Barcelona. El asunto --para que se logre--debe intentarse lo más discretamente posible>> 1911. Ahora bien, no se le ocultaba que para lograr ese ansiado visado necesita la ayuda del POUM, sobre todo la de sus antiguos amigos Nin y Andrade, así como la condescendencia de los <<sindicalistasv es decir de la CNT. Trotsky, por tanto, se decide a enterrar el hacha de guerra. Olvida los duros conceptos vertidos hasta fecha reciente contra los anarquistas y, lo que es más significativo, afirma, refiriéndose a los dirigentes del POUM--hasta días antes blanco predilecto de sus diatribas--, que <<sería criminal dejarse guiar ahora [...] por reminiscencias del período precedente>>. Como dice el lema de la orden inglesa de la Jarretera: Honni soit qui mal y pense.

El proyecto no prosperó, porque salvo el POUM--que se dejó guiar por meros sentimientos de solidaridad y no por consideraciones políticas--nadie tenía interés en la presencia de Trotsky en España. Este no vuelve a referirse a nuestro país hasta el 19 de febrero de 1937, en una amplia declaración que hizo en México--país donde había encontrado refugio desde hacía un mes--a la agencia de prensa Havas. Y ni que decir tiene que reanuda sus ataques contra el POUM. Los conceptos que vierte merecen una respuesta del diario poumista La Batalla, el cual pone en evidencia tanto su falta de inforrnación como sus errores de apreciación de la situación española. En efecto, una vez más Trotsky vuelve a insistir en que, al no ver una diferencia radical entre el yrograma del Gobierno Largo Caballero y el del general Franco, <<las masas laboriosas, sobre todo las campesinas, han caído en una absoluta indiferencia>> 199. La Batalla comentó: <<Se queda estupefacto ante la ligereza con la que un hombre de la experiencia política de Trotsky lanza afirmaciones de tal gravedad y en contradicción tan evidente con la realidad>> 200. Por desgracia, no era la primera vez, ni sería la última, que cometiera ligerezas de esa naturaleza.

Un mes después, el 20 de marzo, nueva carta de Trotsky al Secretariado Internacional en la que repite sus acusaciones contra la política del POUM, no obstánte reconocer que sus <<informaciones no son sólo kncompletas~ sino casi inexistentes>> 201. Es igual- Trotsky se sirve de ~nos conceptos apriorísticos que no necesitan la menor información. U~ decir verdad, no razona- desrazona. Así, cuando afirma que <<sostekliendo a Nin contra nosotros se ha hecho todo lo posible para impedir ~la victoria en España>>202, o cuando proclama que <<la victoria sólo es posible por el camino que hemos indicado>> 203, o cuando dice que se Iprecisa <<alzar los anarquistas, los stalinistas y los socialistas contra isus dirigentes, que no quieren romper con sus ministros burgueses~- ~deg.~. ~En fin, las cantilenas de siempre. Reconoce no disponer de la informalción necesaria para poder opinar, pero no obstante opina y opina mal. En su deposición del 14 de abril de 1937 ante la Comisión de encuesta sobre los procesos de Moscú, presidida por el pedagogo norteamericano John Dewey, vuelve a cometer la ligereza que le había reprochado ~La Batalla: <<Con Franco o Caballero, es lo mismo>>205, <<las masas no ~ ven la diferencia entre los dos regímenes>>20';, <<las masas, en su mayoE ría, han perdido todas sus ilusiones>> 207, etc. [[exclamdown]]Y los trotskistas de todas las latitudes han pretendido y pretenden presentar esta mera palabrería como un serio análisis político!